Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de marzo de 2024

Autorregulación Emocional y Significado

La autorregulación emocional es fundamental para el bienestar psicológico y la salud mental. En el enfoque constructivista integrador se entiende que cada individuo construye su realidad emocional a través de la interacción con su entorno y sus propias experiencias. La capacidad de regular las emociones permite gestionar adecuadamente las respuestas emocionales ante situaciones diversas, lo que facilita la adaptación y el manejo eficaz del estrés.

Además, las emociones no son simples reacciones automáticas, sino que representan una valiosa fuente de información sobre nuestras necesidades, valores y creencias personales. Al comprender y procesar estas emociones, podemos obtener un mayor entendimiento de nosotros mismos y de nuestras relaciones interpersonales, promoviendo así un mayor bienestar emocional y una comunicación más auténtica y satisfactoria con los demás.

Una forma de transformar las emociones en significado e información y de ser capaz así de gestionarlas (no suprimirlas) es seguir la siguiente secuencia:

  1. Notar el sentimiento/emoción: Este paso implica ser consciente de las emociones que estás experimentando en un momento dado. Por ejemplo, podrías notar que te sientes ansioso antes de dar una presentación importante en el trabajo.
  2. Nombrar el sentimiento/emoción: Después de notar la emoción, es útil identificar y etiquetar qué estás experimentando. Siguiendo el ejemplo anterior, podrías nombrar el sentimiento como "nerviosismo".
  3. Aceptar el sentimiento/emoción: Una vez que has identificado la emoción, es importante aceptarla sin juzgarla como buena o mala. En el caso del nerviosismo antes de la presentación, podrías reconocer que es simplemente normal sentirse así en una situación como esa.
  4. Estar con el sentimiento/emoción: En este paso, te permites sentir la emoción en su totalidad sin intentar suprimirla o evitarla. Por ejemplo, podrías permitirte sentir las sensaciones físicas que la acompañan, tales como el ritmo cardíaco acelerado.
  5. Permanecer con él hasta que cambie: A veces, los sentimientos y emociones cambian naturalmente con el tiempo si se les permite ser sentidas y experimentadas completamente... como olas en la playa que llegan, rompen y se retiran. Continuando con el ejemplo, podrías permanecer con los "nervios" antes de la presentación y observar cómo disminuyen gradualmente a medida que te adaptas al entorno.
  6. Ofrecerte compasión a ti mismo: Durante este proceso, te das a ti mismo el mismo el cuidado y la comprensión que ofrecerías a un amigo que estuviera pasando por una situación similar. Podrías articular una voz interior en ti mismo, quizás ya sea la de alguien en tu vida, o una nueva para ti, y decirte palabras de aliento tales como "Es normal sentirse nervioso, lo estás haciendo bien".
  7. Reflexionar sobre lo que el sentimiento/emoción te enseñó: Después de haber experimentado la emoción, reflexionas sobre lo que aprendiste de esa experiencia. En el ejemplo de la presentación, podrías darte cuenta de que los nervios te ayudaron a estar más alerta y preparado para el evento, o que los sentías porque para ti es muy importante una actividad así dado que crees que está en juego tu imagen social.
  8. Decidir cómo responder: Basándote en la reflexión anterior, tú decides cómo actuar en consecuencia. Quizás decidas, por ejemplo, practicar técnicas de relajación o respiración antes de futuras presentaciones para reducir los "nervios".
  9. Dejar ir: Finalmente, una vez que hayas procesado la emoción y tomado medidas para abordarla, te permites soltarla y seguir adelante. En el caso de los "nervios" antes de la presentación, podrías dejar de verlos como absolutamente negativos y bloqueantes y centrarte en lo informativos que resultan en referencia a que te enfrentas a una situación relevante para ti y que cuanto más seguro y preparado estés mejor resultará.
Aquí tienes otro ejemplo aplicado extraído de un caso reciente relacionado con una cita con tu pareja donde necesitas abordar un tema delicado que te causa mucha culpabilidad. Ese sentimiento se debe a que le has de comunicar que no puedes ir a un viaje que teníais planificado porque se ha acumulado una cantidad inesperada de trabajo urgente que no puedes rechazar hacer.

Antes de la cita, te das cuenta de que estás experimentando una fuerte sensación de culpabilidad. (Notas el sentimiento/emoción.)

Identificas la emoción como "culpabilidad" y reconoces que es lo que estás sintiendo en ese momento. (Nombras el sentimiento/emoción.)

Aceptas la culpabilidad como una emoción legítima que surge de una situación específica en la relación. (Aceptas el sentimiento/emoción).

Permites que la culpabilidad se manifieste plenamente en tu conciencia sin intentar ignorarla o suprimirla. (Estás con el sentimiento).

Te das cuenta de que la culpabilidad puede persistir hasta que la enfrentes y la resuelvas de manera constructiva durante la conversación con tu pareja. (Permaneces con el seintimiento/emoción hasta que cambie).

Te recuerdas a ti mismo que eres humano y que cometer errores es parte de la experiencia humana, y te das la compasión que necesitas en este momento difícil. (Te ofreces compasión a ti mismo).

Analizas la causa de tu culpabilidad y reflexionas sobre cómo tus acciones o inacciones pueden haber afectado a tu pareja y a la relación. (Reflexionas sobre lo que el sentimiento te enseñó). 

Basándote en tu reflexión, decides cómo abordar el tema delicado con tu pareja de una manera honesta y respetuosa. (Decides cómo responder). 

Una vez que has discutido el tema con tu pareja y habéis trabajado juntos para encontrar una solución o resolver el problema, te permites soltar la culpabilidad y avanzar en la relación con una mayor comprensión y compromiso. (Dejas ir).

📋 Pruébalo, conviértelo en un hábito y recuerda que puedes contactar conmigo si necesitas ayuda terapéutica o si eres terapeuta y buscas supervisión.

lunes, 5 de octubre de 2015

¿Fue por sexo o por amor? Cómo afecta la infidelidad sexual y emocional a mujeres y hombres diferencialmente. Entrada invitada. Por Cristina Callao.

¿Nos afectan todas las infidelidades por igual a mujeres y hombres o hay diferencias entre nosotros dependiendo de si se trata de una infidelidad más sexual o más emocional?

Quizá sería conveniente empezar respondiendo a una primera pregunta: ¿qué entendemos por infidelidad? Hay múltiples definiciones y cuesta dar con una lo suficientemente genérica y específica a la vez, pero, de entre todas ellas, una especialmente convincente es la de "ruptura de un pacto de exclusividad afectiva y sexual".

Tratándose de un “pacto” se asume que los límites los define cada pareja. Así, es posible que lo que uno tolere no sea aceptado por su compañero sentimental o viceversa. Por ejemplo, a un miembro de una pareja puede parecerle aceptable e inocente salir a cenar con un amigo/a íntimo, y el otro puede encontrarlo intolerable e indicio evidente de infidelidad.

En este punto llegamos a una de las ideas claves que circunda todo este complejo ámbito: la comunicación en la pareja. En casos como el del ejemplo anterior no hay que dar por supuesto que uno anticipa con seguridad la reacción del otro (sobre todo si nunca antes se ha producido un episodio así), y lo mejor sería hablar de estos temas si no queremos que la relación se deteriore quizá gravemente.


En la investigación que se resume en esta entrada se pretendió aclarar qué tipo de infidelidad molesta más a mujeres y hombres, así como si el hecho de tener una relación amorosa o no, y las características de la misma, influía en las respuestas de los participantes. El trabajo siguió la línea de investigación liderada por Jesús M. Canto, de la Universidad de Málaga (véase por ejemplo http://goo.gl/TytHgy y http://goo.gl/KZ1WzF).


Los participantes fueron 401 voluntarios (204 mujeres y 197 hombres) con edades comprendidas entre los 18 y los 43 años, que se prestaron a contestar un cuestionario que partía de la lectura de dos historias: una con un perfil de infidelidad emocional y la otra de infidelidad sexual. Después se describían sus sentimientos al leer cada una de las historias mediante una lista de diez adjetivos. Al final del cuestionario se pedía a los participantes que dijesen cuál de los dos relatos les había afectado más.

Los resultados obtenidos al analizar las respuestas fueron llamativos. De ellos se deducía que, en términos generales, los hombres se sentían más afectados por una infidelidad sexual, probablemente porque su autoestima como hombres se veía seriamente comprometida e invalidada. Por el contrario las mujeres se veían más vulnerables ante una infidelidad emocional. Es decir, parecía que a las mujeres les afectase más que su pareja destinase atenciones de tipo romántico a una tercera persona que un episodio puramente sexual.

Estos resultados se podrían explicar desde la construcción de los roles de género en las relaciones de pareja, desde la construcción de la propia infidelidad (a las mujeres les parecía más profunda si había sentimientos por medio) e incluso desde teorías evolucionistas y genéticas.

Pero, ¿qué pasaba cuando entraban en juego las características de la relación y la concepción de la pareja? Los resultados antedichos variaban. Casi la mitad de los hombres con pareja que (a) llevaban más de 3 años de relación, (b) convivían con ella, (c) pensaban que su relación era excelente, (d) tenían proyectos de futuro y (e) consideraban que su pareja era atractiva para los demás respondían que les afectaría más una infidelidad de tipo emocional. Entre las mujeres, por su parte, seguía habiendo una máxima preocupación por la infidelidad emocional, independientemente del hecho de contar o no con pareja estable.


Los resultados hacen pensar que el estereotipo de que a los hombres les ofende que les engañen por un competidor sexual debido a su necesidad de reafirmar su autoestima masculina, sin importarles demasiado los sentimientos que haya por medio, no es del todo correcto. De hecho sólo los hombres con un grado de compromiso bajo en su relación de pareja contestaban así. Aquellos que tenían relaciones con las características mencionadas en el párrafo anterior decían sentirse sumamente invalidados por una infidelidad de tipo emocional también. Es fácil concluir que a mayor inversión emocional mayor invalidación, con lo cual el estereotipo al que me refería señala más una falta de implicación emocional que una característica intrínseca del sexo masculino.

Por lo que respecta a las mujeres, los datos parecen avalar que responden como los hombres con un elevado nivel de compromiso ya desde el principio: la posibilidad de una infidelidad emocional les hace sentir invalidadas por la ruptura del vínculo que comporta.

Cabría aquí preguntarse si es que las mujeres se implican emocionalmente en un grado mayor que los hombres ya desde las fases iniciales de la relación (y si es así, cuál es la causa), o si es que ellas no fragmentan sexo y amor tanto como algunos hombres que parecen considerar que lo uno va desligado de lo otro hasta que se encuentran en la tesitura de sentirse traicionados por alguien que se ha convertido en parte de su propia vida.

¡Pero para responder a eso harán falta más investigaciones!


Cristina Callao es Psicóloga especializada en el área clínica, particularmente en sexología clínica y salud sexual. Esta entrada está basada en su trabajo de investigación Impacto Diferencial de los Celos en la Infidelidad Emocional respecto a la Sexual, presentado como Trabajo de Fin de Grado en Psicología en la Facultat de Psicologia, Ciències de l'Educació i l'Esport (FPCEE) Blanquerna en Junio de 2015 y dirigido por Luis Botella.