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sábado, 4 de octubre de 2025

Modelando el cambio psicológico: del WimpGrid al PB Space

En los últimos años he tenido la suerte de colaborar en el desarrollo de nuevas herramientas para comprender y modelar los procesos de cambio psicológico basadas en la combinacion de Mapas Cognitivos Borrosos (MCBs) y Psicología de los Constructos Personales (PCP)—(véase Botella, 2007, 2020, 2021, 2024; Botella et al., 2022; Saúl, Botella, & Sanfeliciano, 2023 y Saúl et al., 2022). Todas ellas se basan en la representación de los sistemas de significado como redes causales borrosas en las que los nodos corresponden a constructos personales (síntomas, emociones o experiencias relevantes) y los enlaces representan relaciones de influencia con diferentes grados de intensidad.

Las dos nuevas publicaciones que quiero comentar aquí (Sanfeliciano, Saúl y Botella, 2025 y 
Sanfeliciano et al., 2025) forman parte de esta línea de trabajo que une psicología constructivista, teoría de grafos y matemáticas aplicadas a la experiencia subjetiva. 

1. La Weighted Implication Grid (WimpGrid)


Publicado en Frontiers in Psychology, este artículo presenta la WimpGrid como evolución directa de la clásica Implication Grid de Hinkle. La idea central es sencilla y poderosa: cuando una persona se imagina cambiando en un aspecto de sí misma, ese cambio anticipado tiene repercusiones en otros aspectos de su identidad. Capturar esa red de implicaciones permite entender por qué ciertos cambios son vividos como más posibles y otros generan resistencia.

La WimpGrid aporta dos innovaciones claves:

Gradualidad: ya no se registran las implicaciones como simples “sí/no”, sino con pesos que indican intensidad, de manera que se acerca más al carácter difuso y gradual de la experiencia psicológica.

Formalización matemática: las relaciones se representan como un grafo dirigido y ponderado. Cada constructo es un nodo y cada influencia un enlace con un peso. A partir de ahí, pueden calcularse índices de centralidad, dinámicas de resistencia y propiedades del sistema como un todo.

El procedimiento es clínicamente reconocible: se realiza una entrevista semiestructurada, se identifican constructos personales (por ejemplo, “tranquilo vs. ansioso”), y se exploran los efectos de imaginarse cambios extremos en cada uno de ellos. El resultado es una matriz que se transforma en una red matemática del sistema de significados de la persona.

Las aplicaciones son variadas: formulación de casos, planificación terapéutica, supervisión clínica o seguimiento longitudinal del cambio. Además, al ofrecer un mapa formalizado, facilita la comunicación entre terapeuta y cliente sobre cómo se organiza el propio sistema de significados y dónde se encuentran los nudos de conflicto o resistencia.

Ejemplo práctico de aplicación de la WimpGrid:

Imaginemos a una persona que se define como “insegura vs. segura” (y se coloca en el polo de la inseguridad). El terapeuta le pide que imagine cómo sería si se sintiera totalmente segura. La persona responde que, en ese caso, también se vería más “sociable vs. aislada” y más “optimista vs. pesimista”. Esas conexiones se recogen en la matriz y se cuantifican: el polo “seguridad” aparece como un nodo con gran influencia sobre otros. Para el trabajo clínico, esto señala que trabajar en la seguridad personal podría tener un efecto dominó sobre otras áreas clave de la vida.

2. El Presence–Balance Space (PB Space)


El segundo artículo, publicado en Axioms, avanza un paso más. Si la WimpGrid permite construir la red de significados de una persona, el PB Space nos ofrece una forma de analizar el papel específico de cada constructo dentro de esa red.

La propuesta parte de la integración entre WimpGrid y MCBs, representando los sistemas de constructos como grafos dirigidos y ponderados. El PB Space define dos dimensiones ortogonales para ubicar cada constructo:

Presence: el grado de conectividad global de un constructo, es decir, cuánto está implicado en el sistema en su conjunto.

Implication Balance: el balance direccional entre lo que un constructo influye en otros y lo que recibe de ellos.

De este modo, un constructo con alta presencia y fuerte balance hacia la influencia se comporta como supraordinado, como un motor de cambio en el sistema. En cambio, un constructo con alta presencia pero balance hacia lo receptivo actúa más como receptor de influencias, y puede ser un punto de vulnerabilidad o resistencia.

El PB Space traduce la intuición clínica de Hinkle sobre constructos supraordinados y subordinados en una medida matemática precisa. Permite visualizar y cuantificar qué constructos son palancas de transformación y cuáles son más bien resultados derivados.

Ejemplo práctico de uso del PB Space:

En la red de un cliente, el constructo “autonomía vs. dependencia” aparece con gran presencia y balance positivo: influye mucho en otros (autoestima, optimismo, motivación) y recibe poca influencia a cambio. En el gráfico del PB Space se situaría en la zona de constructos supraordinados. Esto señala que fortalecer la autonomía puede ser una estrategia terapéutica clave, pues actuaría como motor que reorganiza el sistema en su conjunto. Por contraste, el constructo “ánimo vs. desánimo” aparece con alta presencia pero balance negativo: recibe mucha influencia y ejerce poca. Esto indica que el estado de ánimo, en este caso, no es tanto un motor como un resultado de otros procesos, lo que orienta al terapeuta a no trabajar en él de forma aislada.

3. De la teoría a la práctica


Ambos artículos comparten un hilo conductor: la necesidad de respetar la riqueza idiográfica de los sistemas de significados personales, pero al mismo tiempo dotarnos de herramientas que hagan posible analizarlos con rigor.

La WimpGrid ofrece el protocolo de recogida de datos y la formalización inicial de la red. El PB Space añade un marco analítico para interpretar la centralidad y la función de cada constructo en esa red. Juntos, constituyen un paso importante hacia una psicometría constructivista capaz de iluminar los procesos de cambio psicológico sin reducirlos a categorías normativas.

En la práctica clínica, estas herramientas permiten:

  • Identificar dilemas y conflictos centrales en la experiencia del cliente.
  • Reconocer los constructos que funcionan como núcleos de resistencia o de oportunidad.
  • Facilitar la metacognición y la colaboración terapeuta–paciente al disponer de mapas visuales y métricas compartidas.
  • Monitorizar cómo evoluciona el sistema de significados a lo largo de un proceso terapéutico.
4. Una mirada hacia adelante


Ambas propuestas se inscriben en un esfuerzo mayor: construir puentes entre la psicología constructivista y los modelos matemáticos de redes complejas basados en lógíca difusa. Esto abre posibilidades no solo para la práctica clínica, sino también para la investigación empírica, la integración con neurociencia o la modelización computacional de procesos de cambio.

En definitiva, la WimpGrid y el PB Space son dos caras de la misma apuesta: comprender mejor cómo se organiza, resiste y/o transforma el sistema de significados personales. Un camino que, creo firmemente, nos acerca a una psicoterapia más personalizada, rigurosa y sensible a la singularidad de cada persona.

  • La WimpGrid es una evolución de la Implication Grid que permite registrar implicaciones con pesos graduales y representarlas como redes matemáticas.
  • Facilita la formulación de casos y el seguimiento terapéutico al mostrar cómo se conectan los significados personales.
  • El PB Space utiliza MCBs para analizar la centralidad de cada constructo en dos dimensiones: Presence y Balance.
  • Identifica qué constructos actúan como motores de cambio y cuáles son más receptores o vulnerables.
  • Ambos modelos respetan la riqueza idiográfica de la experiencia pero añaden formalización matemática.
  • Se convierten en herramientas útiles tanto para la práctica clínica como para la investigación sobre procesos de cambio psicológico.
Referencias:

Botella, L. (2007). Usos potenciales de la lógica borrosa: Aplicación de mapas cognitivos borrosos (MCBs) para el manejo de los casos clínicos en psicoterapia. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 16(2), 103–119. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=281921793001

Botella, L. (2020). La construcción del cambio terapéutico: Terapia constructivista integradora en la práctica clínica. Desclée De Brouwer.

Botella, L. (2021). Mapping psychological spaces: Psychotherapeutic applications of system dynamics in fuzzy cognitive maps of personal constructs. Revista de Psicoterapia, 32(118), 237–252. https://doi.org/10.33898/rdp.v32i118.474

Botella, L. (2024). Procedimiento para la conceptualización de casos y planificación del proceso psicoterapéutico mediante mapas cognitivos borrosos del sistema de significados personales de los clientes [2C3P-MCB]. Revista de Psicoterapia, 35(128), 99–109. https://doi.org/10.5944/rdp.v35i128.41435

Botella, L., Barrado, E., Sanfeliciano, A., & Saúl, L. A. (2022). Formulación de caso mediante mapas cognitivos borrosos: Bases conceptuales y metodológicas y ejemplo de caso. Revista de Psicoterapia, 33(123), 79–110. https://doi.org/10.33898/rdp.v33i123.35946

Sanfeliciano A, Saúl L. A. and Botella L (2025). Weighted Implication Grid: a graph-theoretical approach to modeling psychological change construction. Frontiers in Psychology, 16:1630920. doi: 10.3389/fpsyg.2025.1630920

Sanfeliciano, A., Saúl, L. A., Hurtado-Martínez, C., & Botella, L. (2025). PB Space: A Mathematical Framework for Modeling Presence and Implication Balance in Psychological Change Through Fuzzy Cognitive Maps. Axioms, 14, 650. https://doi.org/10.3390/axioms14090650

Saúl, L. Á., Botella, L., & Sanfeliciano, A. (2023). Utilización de mapas cognitivos borrosos en supervisión clínica en psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 34(126), 133–148. https://doi.org/10.5944/rdp.v34i126.38710

Saúl, L. Á., Sanfeliciano, A., Botella, L., Perea, R., & González-Puerto, J. A. (2022). Fuzzy cognitive maps as a tool for identifying cognitive conflicts that hinder the adoption of healthy habits. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(3), 1411. https://doi.org/10.3390/ijerph19031411

jueves, 27 de octubre de 2011

Sólo el cambio es permanente

Un estudio del grupo de investigación liderado por Cathy Price (del Wellcome Trust Centre for Neuroimaging en el University College London) y publicado en Nature demuestra que se pueden dar cambios en el coeficiente intelectual durante la adolescencia de mucha mayor escala de lo que se creía.

El estudio siguió a 19 chicos y 14 chicas evaluados a los 14 y a los 18 años mediante una combinación de técnicas de neuroimagen y de tests de inteligencia verbal y no verbal.

Los resultados mostraron cambios en el CI verbal del 39% de los participantes y en el espacial del 21%, pero lo interesante es que permitió correlacionar los cambios medidos con pruebas psicométricas con modificaciones en dos áreas cerebrales concretas. El incremento del CI verbal se correspondía a un incremento de la densidad de parte del córtex motor izquierdo; una región activada durante el habla. El incremento del CI correlacionaba con el aumento de densidad del cerebelo anterior en un área asociada al movimiento de la mano.

Se trata de una nueva demostración de la plasticidad neuronal humana: confirma la posibilidad real de incrementar el rendimiento intelectual durante el desarrollo (cuestionando lo que se ha llamado el fatalismo neuronal), aunque también demuestra que se puede dar el caso contrario y que no está garantizado que un CI elevado en la infancia se mantenga toda la vida sin necesidad de ejercitar las funciones que lo incrementan y consolidan.

Si bien la investigación no profundiza en las causas del aumento del CI, es curiosa la explicación que han dado algunos de sus participantes: uno de los casos más llamativos es el de un participante que pasó de un CI medio a los 14 años a uno de los más elevados de la muestra a los 18. De hecho, de niño necesitó clases de refuerzo de matemáticas y a los 23 años está haciendo un doctorado en ingeniería informática. Según él: "el cambio fue cuando empecé a estudiar asignaturas que realmente me interesaban, en las que me sentía implicado, entonces las empecé a encontrar más fáciles y más interesantes".

Por tanto, parece demostrarse con técnicas sofisticadas y convincentes lo que en psicoterapia comprobamos cotidianamente: se puede cambiar incluso lo que se ha considerado tradicionalmente un rasgo fijo si se dan las condiciones óptimas de motivación e implicación activa. La conexión que el estudio establece entre lenguaje, motivación y cambio resuena con argumentos constructivistas como la afirmación de George Kelly de que los únicos rasgos fijos son aquellos que uno considera que son fijos.

Es más, estudios como este confirman la evidencia casuística de tantas vidas de futuros genios que no destacaban especialmente (o incluso fracasaban) en su etapa escolar durante la infancia… aquí tenéis una lista de algunos de los más conocidos: Henry Ford, Walt Disney, Albert Einstein, Charles Darwin, Isaac Newton, Thomas Edison, Steve Jobs, Winston Churchill, Abraham Lincoln, Vincent Van Gogh, Wolfgang Amadeus Mozart, Igor Stravinsky y Ludwig van Beethoven. Afortunadamente no escucharon a todos los que les dijeron que no podrían nunca llegar a nada importante en la vida. ¿Os imagináis por un momento que borramos del inventario de producciones humanas todo lo que ellos nos han legado?


NOTA MENTAL: Creed en las posibilidades de cambio de vuestros clientes y orientad la terapia a que tengan una oportunidad de demostrárselas a sí mismos.


Humano... ¡demasiado humano!

Daniel Kahneman (psicólogo y economista estadounidense-israelí y Nobel de Economía junto a Vernon Smith en el 2002 por su aportación al estudio de la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre integrando la psicología cognitiva con la economía) ha publicado recientemente su nueva obra “Thinking, Fast and Slow". En ella vuelve a abordar el tema de los sesgos cognitivos en el razonamiento humano. Sus estudios junto a Amos Tversky (a quien dedica esta obra), así como los de Nisbett y Ross en su momento, llevaron a la conclusión de que en la vida cotidiana no actuamos como organizadores pasivos de la evidencia favorable o desfavorable, sino que seleccionamos activamente qué cuenta como evidencia y hasta qué punto.

Uno de los factores que influye en este sentido es la heurística de la disponibilidad. En la medida en que la disponibilidad de evidencias coincida con su frecuencia “objetiva” no hay problema, pero se han descrito algunos factores que afectan a esta coincidencia:

• La historia relacional y los posicionamientos selectivos pueden hacer más disponible un tipo de evidencia que otro (por ejemplo, la gente en paro atribuye al paro una frecuencia mayor de la real debido a que conocen a un número desproporcionado de parados).
• Los juicios sobre conexiones causales pueden verse influenciados por factores tales como la atribución de la causalidad (por ejemplo, un agresor atribuye el uso de la violencia a la conducta de “provocación” del agredido, mientras que un observador externo lo atribuye a la “disposición violenta” del agresor). Esta disposición se puede alterar modificando el punto de vista de la narrativa (por ejemplo, si se explica desde el punto de vista del agresor es más probable que cambie la atribución de la causalidad del observador).
• También pueden verse influenciados por la credibilidad y coherencia de explicaciones ex post facto que actúan como una forma de predicción invertida en el tiempo. (Por ejemplo, pedirle a alguien que explique el porqué del hipotético suicidio de una persona cuya historia clínica problemática se ha detallado incrementa la evaluación subjetiva de ese alguien respecto a la probabilidad de que realmente se suicidase).

Otra fuente de influencias es la heurística de la representatividad. La visión coloquial de la teoría de la probabilidad hace que la mayoría de gente considere más representativo lo que parece más probable. Por ejemplo, después de salir repetidamente “rojo” en una ruleta se considera más representativo que salga “negro”, cuando de hecho la probabilidad de ambos resultados es casi idéntica.

Determinados prejuicios y sobregeneralizaciones basados en formas de construcción social influyen en considerar más representativo de un conjunto a un elemento que a otro. Por ejemplo, muchos universitarios americanos consideran que si un profesor universitario es bajito, tímido y le gusta escribir poesía es más probable que su especialidad sea Filología China que Psicología. El problema de este tipo de evaluaciones es que quien las hace está considerando la probabilidad condicional equivocada. Es decir, está respondiendo a la pregunta “¿cómo es de probable que un psicólogo (vs. un orientalista) responda a este perfil?” cuando la pregunta real es “¿cómo es de probable que alguien con este perfil sea psicólogo (vs. orientalista)?”. La heurística de la representatividad nos lleva a dar la misma respuesta a las dos preguntas, cuando de hecho son muy diferentes dado que en la primera las evidencias desfavorables son mucho menos relevantes que en la segunda. Es decir, incluso en el caso de que haya más orientalistas que psicólogos que encajen con este perfil, el número de psicólogos es mucho mayor que el de orientalistas (desproporción irrelevante para la primera pregunta pero desfavorable para la segunda).

La preferencia general por explicaciones lineales simples en lugar de no-lineales caóticas hace que en ocasiones se busque la causa de un efecto en la condición previa más similar al propio efecto. Por ejemplo, si una pareja se separa después de que él (a) sea ascendido en el trabajo, (b) mejore su situación económica, (c) haga un viaje al extranjero y (d) conozca a una atractiva compañera de viaje, la mayoría de gente se inclinaría por cifrar la separación sobre todo en (d), sin tener en cuenta que no son factores independientes y que el “efecto” podría ser producto de todo lo anterior combinado y más cosas aun.

La adecuación o inadecuación del enorme número de “teorías”, esquemas y scripts personales y sociales que empleamos en la vida cotidiana también influyen en la consideración de la representatividad de un acontecimiento. Por ejemplo, la mayoría de personas prefiere teorías “disposicionales” o de rasgos a teorías situacionales para explicar la conducta humana, cuando de hecho hay la misma evidencia favorable de unas que de las otras.

Los críticos de la obra de Kahneman han destacado como sus trabajos son equiparables a los de Darwin desde la perspectiva de que contribuyen a desmitificar la presunta racionalidad intrínseca del razonamiento humano (igual que los de Darwin desmitificaban nuestra posición privilegiada en el orden de la vida). Nuestro razonamiento está inevitablemente entretejido con nuestros valores, educación, ideología, lenguaje, cultura y preferencias. Así, de los estudios de Kahneman y su grupo se deducen cosas tan sorprendentes por "ilógicas" (pero evidentes en la vida social) como que debido al sesgo natural que nos hace aferrarnos a no invalidar las primeras impresiones, para compensar el efecto de un comentario crítico descalificador hacen falta un mínimo de cinco halagadores. La proporción es mucho mayor en el caso de personas etiquetadas como delincuentes: para que cambie nuestra opinión sobre la criminalidad intrínseca de un homicida hace falta que este lleve a cabo al menos 25 actos de heroísmo altruista en los que salva vidas.

Lo realmente curioso de todo esto, y es en ese aspecto en uno de los que se centra la última obra de Kahneman, es que saberlo no afecta a experimentarlo ni menos aun a actuar en consecuencia. Hay infinidad de ejemplos más o menos anecdóticos, desde el propio Kahneman, que reconoce que todo lo que ha aprendido durante toda su vida con su investigación no le ha llevado a poder evitar sus propios "sesgos cognitivos" al de Harry Markowitz (otro Nobel de economía). Markowitz incluyó las conclusiones de Kahneman en su propia teoría de la inversión, dando lugar a un cálculo de riesgos en las operaciones financieras que corregía los sesgos cognitivos (especialmente el de aversión a la pérdida). Sin embargo él mismo reconoció que fue incapaz de aplicar su propia teoría y cálculos a la planificación de su fondo de jubilación: anticipar el resentimiento que experimentaría si se equivocaba al calcular el riesgo de una determinada operación bursátil le llevó a repartir desigualmente dicho riesgo… y acabó por perder una cantidad considerable de la inversión inicial (ejemplo perfecto del sesgo de aversión a la pérdida, por cierto).

En pocas palabras, en la inmensa mayoría de los casos no podemos razonar como Mr. Spock, o como Sheldon Cooper, o como un robot… Es curioso que muchas de las situaciones analizadas en estos estudios sean de incertidumbre en cuanto a la decisión pero aplicadas a sistemas básicamente analizables desde la lógica aristotélica bivariada (por ejemplo, sistemas probabilísticos o matematizables). Y hablando de robots, las consecuencias extremas de la aplicación de una lógica sin sesgos en un contexto no bivariado sino borroso se ven por ejemplo en "Yo Robot" de Asimov. El protagonista de la novela no perdona a los robots que uno de ellos decidiese salvarle a él en lugar de a una niña pequeña en una situación de vida o muerte como producto de la aplicación estricta de la lógica del cálculo de quién tenía más probabilidades de sobrevivir. "Cualquier ser humano hubiese sabido que tenía que salvar a la niña", dice. Algo en nosotros nos dice que tiene razón aunque sea ilógico… quizá hemos interiorizado la norma social de "las mujeres y los niños primero".

Todo esto plantea un interesante dilema: podría ser que los "sesgos" en la lógica de nuestro razonamiento tengan una justificación en la esencia de nuestra propia especie. De hecho algunos neurobiólogos defienden ideas parecidas cuando plantean que, por ejemplo, el estrés es una consecuencia indeseable de un sesgo biológicamente comprensible: nuestra tendencia a sobrevalorar el riesgo y a protegernos para sobrevivir ("en caso de duda, mejor pecar de prudentes"). Igual se podría afirmar de una fobia: el hecho de que se condicione de forma tan extrema en una sola exposición quizá es una consecuencia indeseable del mismo sesgo biológicamente justificable a sobrevalorar nuestra supervivencia ("no sé si todos los perros del mundo me morderán, pero si me ha mordido este es mejor que les tema a todos por si acaso"). Igualmente en el caso del enorme dolor emocional que comporta un duelo: podría ser una consecuencia indeseable de nuestra tendencia innata a establecer relaciones de apego y de vínculo que duren toda la vida (también muy comprensible biológicamente). En fin, es como si la naturaleza nos hubiese diseñado para protegernos aunque sea exageradamente (haciéndonos un favor) pero eso comportase inconvenientes colaterales.

Si fuese así, razonar sin sesgos sería como no ser humano… Por eso quizá Mr. Spock (a pesar de su origen mixto vulcano-humano) suena muy vulcaniano cuando razona con una lógica tan flemática. Implicaría por ejemplo un serio límite a decisiones aparentemente absurdas, intuitivas, injustificables… pero que finalmente revolucionan el contexto en que se toman. Steve Jobs citaba a Henry Ford cuando este decía, a raíz de la invención del automóvil y como crítica a los estudios de mercado, que "si hubiese escuchado lo que querían mis clientes hubiese fabricado un caballo más rápido". Eso hubiese sido lo lógico. Pero en ese caso, como en el del propio Steve Jobs, la aplicación de la lógica sin sesgos nos hubiese privado de productos que han revolucionado nuestras vidas cotidianas y que les han valido a sus desarrolladores el estatus de genios visionarios.

Seguro que todos los terapeutas hemos experimentado en nuestros pacientes la dolorosa limitación de la autoconciencia: conocer y predecir sus "sesgos automáticos" en referencia a sus construcciones personales, patrones cognitivos, narrativas de identidad, posicionamientos relacionales e incluso patrones de conducta no les lleva inmediatamente a poderlos evitar. Un depresivo, por ejemplo, puede ser consciente de cómo sistemáticamente se centra en los aspectos negativos de la experiencia y descalifica los positivos y aun así reconocer que no puede evitar hacerlo. Es este tipo de evidencias lo que lleva a algunos comentaristas de la obra de Kahneman a concluir que "conocerse a uno mismo" no es suficiente… ¡ni de lejos!


NOTA MENTAL: ¿Y si, como afirman los sistémicos, una parte de un sistema no puediese cambiar el sistema del que es parte? En términos piagetianos se reconoce que para identificar las limitaciones de una etapa de pensamiento tiene uno que estar en otra más evolucionada. Quizá la cuestión no es la conciencia de los sesgos automáticos sino la liberación de los límites de esa conciencia. ¿Conciencia plena? Interesantes implicaciones...