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martes, 5 de noviembre de 2024

Posverdad: Reconstruyendo realidades en un mundo de narrativas fragmentadas


Vivimos en una era que algunos han denominado “la era de la posverdad”, una época en la que los hechos objetivos parecen tener menor influencia en la opinión pública que las emociones o creencias personales. En este contexto, lo “verdadero” ha dejado de ser un consenso basado en evidencias compartidas para convertirse en un constructo completamente moldeable y adaptable a las narrativas de cada persona o grupo. Como terapeuta y constructivista este fenómeno plantea preguntas profundas sobre la naturaleza de la realidad y el papel de la psicoterapia en un mundo donde las certezas se desvanecen.

La Construcción de la Realidad: Entre Narrativas y Creencias

Desde una perspectiva constructivista nunca ha habido una realidad única y objetiva, sino una multiplicidad de realidades construidas por cada individuo y/o grupo a partir de sus experiencias, relaciones y marcos culturales. Sin embargo, en esta era de la posverdad, esta multiplicidad se ha vuelto más exageradamente evidente y, a la vez, más fragmentada. En lugar de hallar puntos de encuentro, las narrativas se polarizan, se refuerzan y se convierten en burbujas de sentido, donde los hechos son secundarios frente a las interpretaciones a veces completamente desligadas de las evidencias.

En mi práctica he observado cómo este fenómeno influye en la forma en que las personas interpretan sus propios conflictos y relaciones. Por ejemplo, los clientes a menudo llegan con narrativas influenciadas por discursos sociales que pueden reforzar aún más su percepción de victimización, impotencia o rabia. Aquí, el desafío para el terapeuta no es corregir estas narrativas o imponer una "verdad", sino abrir espacios de reflexión y cuestionamiento que permitan una comprensión más amplia y flexible de la experiencia.

El Papel del Terapeuta en un Mundo de Posverdad

En este entorno, el rol del terapeuta se asemeja al de un facilitador de diálogos internos y externos. Cuando los clientes traen consigo realidades profundamente influenciadas por las narrativas de la posverdad, el objetivo por supuesto no es descalificar sus creencias, sino comprender el origen y la función que cumplen en su vida. ¿Qué necesidad está cubriendo esa creencia? ¿Qué miedo o vulnerabilidad está escondiendo? Preguntas como estas permiten ir más allá de la superficie de las afirmaciones para explorar el significado subyacente.

Al hacerlo, evitamos caer en una confrontación directa con lo que el cliente percibe como su realidad, ya que dicha confrontación podría reforzar sus aparentes certidumbres y reificar aún más su narrativa. En lugar de ello, la meta es fomentar un diálogo en el que las interpretaciones puedan coexistir y, eventualmente, ser cuestionadas desde un lugar de seguridad y empatía.

Caso Ejemplo: La Historia de Ana

Ana acudió a consulta en medio de una crisis familiar que había fracturado la relación con sus padres. Durante nuestras primeras sesiones, me contaba cómo estaba convencida de que sus padres estaban manipulados por los medios de comunicación, quienes —según ella— distorsionaban la realidad para generar miedo y obediencia. Desde la perspectiva de Ana, sus padres habían sido víctima de un “lavado de cerebro” y estaban completamente cerrados a cualquier otra forma de ver el mundo. Ella, por su parte, se sentía impotente e incomprendida.

El enfoque inicial fue comprender cómo Ana había llegado a construir esta narrativa y qué función cumplía en su vida. Durante el proceso, fuimos desvelando que esta percepción le ayudaba a mantener una distancia emocional con sus padres, protegiéndose del dolor de sentirse rechazada por ellos. Sin embargo, también le estaba impidiendo conectar con sus propias vulnerabilidades y abrirse a la posibilidad de un diálogo diferente.

Al invitar a Ana a explorar cómo se sentía al ver a sus padres bajo esta luz tan negativa, empezaron a surgir emociones de tristeza y miedo. Poco a poco, nos enfocamos en validar esos sentimientos y en cuestionar de manera no confrontativa qué podría significar para ella abrirse a la posibilidad de que sus padres también estuvieran intentando, a su manera, lidiar con la incertidumbre de un mundo que les resultaba confuso.

Reencuadrando la Realidad: De lo Rígido a lo Relativo

Un fenómeno común en la era de la posverdad es la rigidez de las creencias. Las personas tienden a aferrarse a aquellas versiones de la realidad que validan sus emociones o les brindan un sentido de pertenencia y seguridad. Como constructivista, creo que el reencuadre de estas creencias no es un simple ejercicio retórico, sino un proceso profundo que implica resignificar el pasado y abrirse a nuevas formas de ver el presente y el futuro.

Cuando un cliente se siente atrapado en una visión del mundo que le genera sufrimiento, el reencuadre no busca invalidar su experiencia, sino ampliar su perspectiva. La pregunta no es si algo es verdadero o falso, sino cómo esa creencia afecta a su vida y a sus relaciones, y qué nuevas perspectivas podrían ser más enriquecedoras y útiles para su bienestar.

Construyendo un Espacio de Confianza en Tiempos de Desconfianza

La era de la posverdad también ha traído consigo una creciente desconfianza hacia las instituciones, los medios y, en general, hacia la figura de los “expertos”. En este contexto, el terapeuta puede ser percibido como un representante de esa autoridad que muchas personas han aprendido a cuestionar. Por ello, resulta fundamental que la relación terapéutica se construya desde la autenticidad, la transparencia y el respeto mutuo.
Crear un espacio de confianza implica mostrarse abierto a escuchar y validar la experiencia del cliente, incluso cuando sus creencias puedan parecernos inflexibles o distorsionadas. Desde esta base segura, es posible explorar conjuntamente qué historias se están contando y cómo esas historias afectan la forma en que la persona se relaciona consigo misma y con el mundo.

Conclusión: Psicoterapia en la Era de la Posverdad

En definitiva, la era de la posverdad nos invita a reflexionar sobre el papel de la psicoterapia en un mundo donde las certezas son cada vez más frágiles y las narrativas más polarizadas. Como terapeutas, no nos corresponde determinar qué es verdadero o falso, sino facilitar un espacio donde las personas puedan cuestionar, explorar y reconstruir sus realidades de una manera más consciente y compasiva.

La posverdad no es sólo un fenómeno social o mediático, sino también un desafío personal para cada uno de nosotros. Nos invita a ser humildes en nuestras certezas, a abrirnos a nuevas perspectivas y a recordar que, en última instancia, lo que realmente transforma no son las verdades absolutas, sino los significados que construimos en nuestras vidas y relaciones.

jueves, 15 de agosto de 2019

Las paradojas de la autoayuda: "¡Sé positivo/a!"

El consejo de que seamos siempre positivos es absurdo, imposible de llevar a la práctica y en último término disfuncional. Es una de esas imposiciones de la autoayuda que hacen más mal que bien.

Se basa probablemente en la idea ingenuamente hedonista de que la finalidad de la vida es ser feliz a toda costa y, sobre todo, de que la felicidad consiste exclusivamente en verlo todo de manera positiva, al estilo de una moderna Pollyanna.


Las emociones negativas, dolorosas, los traumas y embates inesperados de la vida, las decepciones y traiciones de los demás, los golpes y dardos de la airada suerte como decía Shakespeare... todo eso y más sin duda nos sobrevendrá a todos/as por muy positivos que seamos.

Lo que sí es posible, y muy aconsejable, es prestar atención a las emociones dolorosas o disruptivas y aprender. Así, manteniendo la conciencia atenta a no dejarnos llevar por ellas y actuar ciegamente, tal como nos enseña la tradición del mindfulness, podemos aprender mucho de porqué nos sentimos como nos sentimos.



Por ejemplo, siguiendo la guía de la imagen anterior basada en el trabajo de Leslie Greenberg, en el caso de sentirnos humillados y maltratados por una injusticia de la que hemos sido víctimas, en lugar de intentar negar ese sentimiento o banalizarlo transformándolo en "positivo" (¡como si eso fuese posible!) podemos utilizar nuestra propia reacción emocional como guia de que algo muy nuclear de nosotros mismos ha sido violentado e invalidado por la fuerza, y de que necesitamos recibir apoyo, compasión, consuelo y simpatía para seguir adelante. Esa reflexión nos puede llevar de forma muy directa a tomar conciencia de qué era eso tan nuclear y por qué lo era. Por ejemplo, quizás nos veamos confrontados con la conciencia de que para nosotros el sentido de dignidad personal es inviolable y que no toleramos ningún tipo de cuestionamiento de ella. Este proceso no ahorra el dolor (la parte inevitable de la experiencia invalidada) pero sí añadirle sufrimiento (la parte evitable que proviene de la rumiación improductiva o de la negación o banalización inviable a largo plazo).

Lo que aprendemos de ese proceso de construcción de significado ha demostrado ser sumamente útil como lección del pasado, elaborada desde el presente y aplicable al futuro.

Un estudio reciente de Robin Kowalski publicado en el Journal of Social Psychology encontró que imaginar que uno se da consejo a sí mismo en el pasado basándose en este tipo de conciencia de lo que se deduce de las experiencias negativas del presente de hecho aumenta la sensación de aproximarse al self ideal. Así, la idea de que eso es remordimiento que no lleva a nada parece ser falsa: incorporado como aprendizaje significativo no deriva en remordimiento, sino en sabiduría existencial. Ya lo anticipó Kierkegaard al hacer suya la frase de Sócrates: una vida sin examinar no merece ser vivida.

El significado es diferente de la felicidad per se; no todo lo significativo nos hace necesariamente felices, pero sí contribuye a un sentido mucho más pleno, bastante más profundo que la búsqueda hedonística de la felicidad como meta de la vida que subyace a las propuestas superficiales de la autoayuda.

Otro estudio reciente, esta vez desde el ámbito biomédico, encontró que entre casi 7.000 adultos mayores de 50 años de la muestra longitudinal con datos que abarcan ya 27 años del Health and Retirement Study de los Estados Unidos había una única variable inevitablemente ligada con la felicidad, la satisfacción y la máxima productividad laboral: trabajar y vivir con un sentido de propósito y significado. No sólo eso, sino que los investigadores encontraron que los participantes que tenían un alto sentido de propósito y significado (medido por las respuestas a las preguntas de las autoevaluaciones de bienestar) vivían más años que aquellos que decían tener poco o ninguno.

¿Cómo cultivar un optimismo real, no el espejismo de pensar en positivo? Aquí os dejo algunos consejos útiles:




  • Cultiva la autoconciencia. Como decía antes, de aprender de la experiencia por dura que esta sea no suele provenir ningún efecto negativo; incluso cuando eso nos lleva a tomar conciencia de nuestros errores, si se incoporan como lecciones existenciales nos acercan a nuestro ideal en lugar de alejarnos.
  • Cambia los ¿por qué? por ¿para qué? Puede parecer absurdo, pero en general la vida no responde a un porqué. Es simplemente producto de múltiples factores borrosos y no lineales actuando todos a la vez y además mediados por una buena dosis de azar y caos. Sin embargo, lo que sí es muy posible es que el resultado de la experiencia tenga una función para nosotros--o más bien que seamos capaces de construir una. Por ejemplo, un accidente es un accidente y no hay un porqué posible, preguntarnos por su causa obsesivamente sólo nos llevará a hundirnos más y más... pero preguntarnos qué sentido tiene en nuestras vidas quizás sí sea productivo: tal vez la respuesta sea que nos ha enseñado a vivir más intensamente el presente.
  • Piensa a qué necesidad insatisfecha apuntan tus emociones negativas, qué ha quedado invalidado que las ha hecho emerger. Eso te dará un buen punto de entrada a la clarificación de tus valores y de la jerarquía de tus constructos personales.
  • Evita la re-traumatización. No es necesario ni aconsejable estar reabriendo permanentemente una herida como las que nos producen las experiencias dolorosas. Eso incluye hoy en día muy especialmente las redes sociales (aunque no sólo, claro)... saber más y más a diario de alguien que nos ha dejado, o traicionado, o decepcionado no ayuda en nada: más bien todo lo contrario.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Vivir y narrar... en la nube

Kierkegaard se hacía eco de la máxima socrática según la cual "una vida no examinada no es digna de ser vivida". Sin duda la frase es ligeramente exagerada… cualquier vida vale le pena aunque no sea examinada, pero probablemente todos estaríamos de acuerdo en que una vida reflexiva es más rica, profunda y significativa que una carente de esa reflexividad.

En este sentido, el uso de diarios y narrativas personales para fomentar esa reflexión continua ha sido un puntal de las tradiciones de terapia narrativa y constructivista desde hace décadas, y una revisión de ellas, siquiera breve, iría mucho más allá de las pretensiones de una entrada en un blog.

Lo que pretendo aquí es dar algunos consejos prácticos sobre cómo integrar los medios a nuestra disposición actualmente, especialmente los procedentes de las tecnologías de la información y la comunicación, a la fascinante aventura de "vivir mientras se narra y narrar mientras se vive" (en palabras de Bertha Mook).

Las ventajas de dichas tecnologías sobre un diario en papel (por ejemplo la clásica Moleskine de Chatwin, Hemingway o Picasso) son su mayor ubicuidad, sincronización, automatización, perdurabilidad digital, capacidad multimedia, e incluso que pueden resultar más divertidas y creativas (y por tanto más motivadoras) al permitir integrar tal variedad de contenidos posibles. Sin embargo... ¡por nada renunciaría a mis Moleskines!; se complementan perfectamente con medios digitales y añaden una dimensión estética y sensorial inigualable.

En esta entrada utilizo el término "nota mental" (mi homenaje personal al mítico Parker Lewis, por supuesto) en el sentido keliano de "evento", es decir, para referirme a un acontecimiento que marca una diferencia en nuestra experiencia y cuyo significado depende de un proceso de construcción. Ejemplos de eventos en este sentido constructivista podrían ser una frase leída en un cartel publicitario al pasar frente a él y que parece sorprendentemente dirigida a nosotros, una música que nos emociona especialmente en un momento, una escena de una película, una imagen captada durante el día a día, un pasaje de una novela, un fragmento de conversación con un amigo, un contenido de una web… Teniendo en cuenta la multiplicidad de medios por los que accedemos actualmente a la información, las posibilidades son casi ilimitadas. De hecho en muchos casos puede no tratarse de un evento tan formalizado como en los ejemplos anteriores, sino de una experiencia preverbal casi no simbolizada: un aroma, un recuerdo fragmentado pasajero, una intuición no del todo formada o expresable en términos comprensibles o, por ponerse poético, una mirada o un beso.

Cualquiera de esos eventos, o más bien nuestra construcción de ellos, se puede registrar mediante la asignación de una entrada, una "Nota Mental", en un diario; ya sea con palabras (que, recordemos, no tienen porque configurar un discurso perfectamente coherente y acabado) o mediante una imagen o un archivo de sonido.

Evernote es un excelente bloc de notas digital que permite guardar todo tipo de información (texto, imágenes, vínculos, páginas web…) indexada y ordenada en libretas. Por ejemplo, se puede crear una libreta en Evernote y llamarla "Diario", "Narrativa Personal" o el nombre que más nos motive para que sirva de repositorio de todas las notas mentales que vayamos generando. De esta manera podemos ir almacenando reflexiones personales, fotografías, música, enlaces con webs o fragmentos de ellas o de hecho cualquier tipo de evento significativo sobre la marcha. Además podemos hacerlo tanto desde un ordenador (yo soy un fan de Apple, así que os recomiendo un Mac) como desde un iPad o un iPhone… bueno, cualquier tablet o smartphone pero ya he reconocido mi parcialidad por Apple. Las notas quedarán organizadas por fecha y podremos hacer búsquedas por cualquier palabra clave que contengan mediante el buscador de Evernote. Como en la mayoría de aplicaciones, se pueden asignar etiquetas a las notas para facilitar su organización, clasificándolas por ejemplo por estados emocionales, lugares, personas relevantes…

Para identificar y almacenar música que nos afecte en un momento dado (creando una especie de banda sonora personal de nuestra vida) se puede utilizar, por ejemplo, Soundtracking. La aplicación identifica la música que está sonando (igual que otras como la famosa Shazam) o busca los temas que le indiquemos y los comparte en una red social propia además de permitirnos conectar a nuestra cuenta de Twitter, Foursquare o Facebook, con la ventaja de que anexa un fragmento del tema que compartamos, de forma que se convierte en un archivo sonoro de las músicas que marcan nuestro día a día.

Twitter como herramienta de microblogging también puede ser la base para registrar y compartir eventos que podemos sincronizar para que sean anexados a la libreta "Diario" de Evernote mediante la asignación de un hashtag (por ejemplo #hoy o #diario) mediante los servicios de la web IFTTT (If This Then That). La limitación de los tweets a 140 caracteres puede ser en este caso una ventaja, dado que nos obliga a ser sintéticos y condensar el significado de lo que queremos expresar.

La tan de moda actualmente Instagram permite subir a la red inmediatamente las imágenes que captemos desde la cámara de nuestro smartphone o, de hecho, desde cualquier otra con unos pasos más. La posibilidad, de nuevo, de indexarlas y asignarles etiquetas nos permite una organización y capacidad de recuperación ordenada excelente. 

Por último, para registrar y compartir nuestra ubicación cada vez que visitemos un local o cualquier sitio digno de mencionarse podemos recurrir a Foursquare. La aplicación permite dejar constancia de nuestra visita, hacer comentarios sobre nuestra experiencia, anexar fotos y, por supuesto, etiquetar e indexar la nota mental y compartirla por vía de otras redes sociales.

El diario así generado se irá componiendo de notas mentales en formato multimedia que podemos luego, semanalmente por ejemplo, ordenar, clasificar, estructurar, indexar… con la intención de darles sentido y de reflexionar sobre el material que compone nuestra experiencia vivida.

¿Qué ventajas puede tener esto?
  • Llevar un diario puede ayudarnos a aclarar nuestros sentimientos, en ocasiones ignorados durante el frenesí del día a día. Al obligarnos a parar y reflexionar es casi inevitable que tenga ese efecto. Aclararlos puede a su vez ayudarnos a dejarlos pasar, como es práctica habitual en las tradiciones que emplean la conciencia plena como forma de autorregulación emocional. Por ejemplo, al escribir sobre un episodio aparentemente banal de nuestro entorno laboral ese día nos damos cuenta de hasta qué punto no sólo no ha sido banal sino que en él se ha producido un comentario que ha lastimado profundamente nuestros sentimientos. Esa conciencia nos lleva, un par de días después, a darnos cuenta de que nuestros sentimientos se lastiman con facilidad y de que quizá deberíamos apegarnos menos a una construcción rígida de cómo deberían ser los que nos rodean para así evitar que cualquier experiencia se convierta en una fuente de invalidación para nosotros.
  • Nos puede también ayudar a tomar conciencia de nuestro punto de vista y de su relatividad. Quizá ese efecto no sea inmediato, pero al cabo del tiempo la relectura de alguna de las entradas puede hacernos conscientes de hasta qué punto estábamos impregnados de la posición que ocupábamos en el sistema del que se tratase. Por ejemplo, tras unos meses de imposibilidad de descentrarnos de nuestro punto de vista en un conflicto de pareja de repente nos hacemos conscientes de sus alternativas debido a una conversación con una amiga que nos explica su situación y resulta ser la opuesta exactamente a la nuestra. Al releer las entradas de ese período se nos aparecen como más egocéntricas y estrechas de miras de lo que pensábamos inicialmente.
  • Nos puede hacer conscientes de que nuestra vida tiene un gran mérito. Un mérito sin duda personal, privado, muy nuestro, pero mérito al fin y al cabo. Cuando el diario va creciendo, se va haciendo evidente lo que los psicoterapeutas sabemos por experiencia: que cualquier vida humana es una gran aventura merecedora de un enorme respeto y admiración sólo por el hecho de que se desarrolle.
  • Nos puede servir como herramienta para ganar autoconciencia. A pesar de que en general creemos conocernos bien, hay aspectos de nosotros mismos que salen a la luz con el contraste del tiempo. Si ese contraste nos pasa por alto puede que no seamos conscientes de ellos. Por ejemplo, revisando los detalles de dos situaciones conflictivas en nuestras relaciones interpersonales, una del pasado y otra actual, nos damos cuenta de que nuestra posición en ambas ha sido mucho más similar de lo que creíamos. En las dos hemos actuado de forma reservada y reticente por miedo a sobreimplicarnos. Eso es algo que no sabíamos antes, y que nos hace reflexionar sobre aspectos nucleares de nosotros mismos.
  • Nos puede servir de legado. ¿A quién no le hubiese gustado poder leer el diario, por ejemplo, de su abuelo o abuela? Seguro que lo de menos sería su calidad literaria; lo realmente relevante hubiese sido poder acceder a las vivencias y sentimientos de una persona que es una parte integrante y definitoria de nuestro propio pasado. Esa posibilidad está ahora en nuestras manos: podemos compilar nuestra propia narrativa vital como legado para las generaciones que nos seguirán.


Keri Smith, en su encantador libro How to Be an Explorer of the World: Portable Life Museum incluye una lista de 13 consejos para tener una perspectiva diferente de la experiencia cotidiana que pueden enriquecer considerablemente el "material" del que se compone nuestra narrativa diaria, nuestras notas mentales:
  • Mira siempre (date cuenta del suelo bajo tus pies).
  • Considéralo todo como si estuviese vivo y animado.
  • Todo es interesante si lo miras con detalle.
  • Cambia de camino a menudo.
  • Observa durante períodos largos… y también cortos.
  • Sé consciente de las historias que te rodean en todo momento.
  • Date cuenta de los patrones, establece conexiones.
  • Documenta tus hallazgos (con notas de campo) por medios diferentes.
  • Incorpora la indeterminación.
  • Observa el movimiento.
  • Crea un diálogo personal con tu entorno. Habla con él.
  • Rastrea los orígenes de las cosas.
  • Usa todos tus sentidos en tus exploraciones.


Poner la experiencia en lenguaje es darle sentido; en ese proceso nos construimos a nosotros mismos en relación, a la vez que construimos dicha experiencia. En gran medida es un proceso profundamente emocional. El poder del lenguaje sobre las emociones sigue demostrándose sorprendente. Dos estudios recientes (ver una revisión aquí: http://www.psychologicalscience.org/index.php/news/releases/language-and-emotion-insights-from-psychological-science.html) han demostrado que poner palabras a una experiencia que nos atemoriza mientras nos sucede reduce la sensación de miedo y ayuda a llevar a cabo conductas de enfrentamiento. En este caso, las personas con fobia a las arañas que iban narrando su experiencia de exposición a ellas eran más capaces de controlar sus niveles de activación emocional y de llevar a cabo la exposición que las que no. En el segundo estudio que mencionaba se ha demostrado que narrar las experiencias (sean positivas o negativas) en una forma verbal que las acote al pasado limita su efecto emocional sobre nosotros, mientras que narrarlas con formas verbales del presente lo mantiene.




NOTA MENTAL: Documentar, reflexionar, narrar... para dar sentido a una existencia que sino resulta absurda e incomprensible. Para ayudar a que (en palabras de Kelly) el pasado se asome al futuro a través de la ventana del presente.