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domingo, 20 de octubre de 2024

Formulación de casos y monitorización del proceso psicoterapéutico con Mapas Cognitivos Borrosos

En psicoterapia trabajamos con sistemas complejos por definición: los sistemas de constructos personales de nuestros clientes y los sistemas de relaciones interpersonales que establecen entre ellos. Estos sistemas son dinámicos, no lineales, multifactoriales y mediados por el lenguaje, lo que requiere métodos igualmente complejos o corremos el riesgo del reduccionismo.

Como hemos visto en otras entradas de este blog ese reduccionismo ha caracterizado a muchos discursos sobre los procesos de cambio humanos en psicoterapia durante siglos. Por ejemplo imaginemos a Marta que ha sido etiquetada de "depresiva" porque está triste, hundida y desesperanzada a causa de que tiene un trabajo que no le gusta, cree que no cumple con las expectativas familiares, bebe y fuma en exceso, duerme muy pocas horas o bien no consigue despertarse, ha perdido el interés en las actividades placenteras y se siente desconectada espiritualmente y aislada socialmente (entre otras muchas cosas muy largas de explicar). Decir que su vivencia actual de constante vacío, angustia e insuficiencia es "un problema neuroquímico por el que la disfunción en la transmisión de la serotonina contribuye significativamente al desarrollo y mantenimiento de su trastorno depresivo" parece como mínimo reduccionista, efectivamente.

En palabras de Marta:

“Estoy harta de que me digan que todo esto es un ‘problema neuroquímico’ y que con una pastilla lo soluciono. No es sólo serotonina, no es sólo química. Estoy triste porque mi vida no tiene sentido ahora mismo: odio mi trabajo, me siento una decepción para mi familia, y ni siquiera recuerdo la última vez que disfruté de algo. Fumo y bebo para calmar esta angustia, pero luego me siento peor. Me cuesta tanto dormir como despertarme, y me siento completamente desconectada, no sólo de los demás, sino de mí misma. ¿Cómo puede alguien reducir todo esto a un simple desequilibrio químico? ¡Necesito algo más! Quiero que alguien me ayude a entender por qué me siento así, que me escuchen de verdad, que me ayuden a salir de este vacío desde un lugar más profundo. Necesito una terapia que me ayude a reconstruir mi vida, no sólo a silenciar mi cerebro.”

Es posible que mucho de ese reduccionismo se debiese en el pasado precisamente a la escasez de recursos para dar sentido al sistema de significados y relaciones de nuestros clientes que fuesen dinámicos, no lineales, multifactoriales y mediados por el lenguaje como decía antes, pero desde hace años disponemos de algunos medios.

De entre ellos, los Mapas Cognitivos Borrosos (MCBs) son una herramienta poderosa que permite conceptualizar casos y planificar el proceso terapéutico de forma efectiva (Botella, 2021; 2024; Botella & Saúl, 2024; Botella et al., 2022; Saúl et al., 2022; 2023). Parten del lenguaje natural, lo cual significa no tener que adecuar ni al cliente a métodos estándar (aunque los hay si se desea utilizarlos), ni a la terapia a encajar en un plan que no sea el acordado entre terapeuta y cliente--sólo que el uso de MCBs a modo de navegador permite acordar ese plan de manera sumamente informada.

Por ejemplo, y antes incluso de describir los términos que se emplean, aquí tienes lo que expresa Marta en forma de MCB para que compruebes aunque sea sin conocimientos previos hasta qué punto encaja sin reducirlo a una sola dimensión--de hecho, si creyeses que no encaja la solución es... refinarlo. Está hecho por ella o en el diálogo con ella y, como decía George Kelly, "si no sabes qué le pasa a una persona, pregúntaselo":

Nodos disfuncionales (triggers):

  • Trabajo no deseado: Marta odia su trabajo actual, lo que le genera frustración y malestar.
  • Expectativas familiares: Siente que no cumple con lo que su familia espera de ella, lo que refuerza su sensación de insuficiencia.
  • Consumo excesivo de alcohol y tabaco: Marta utiliza estas sustancias como una forma de escape, pero esto sólo incrementa su malestar.
  • Alteraciones del sueño: Tiene dificultades para dormir adecuadamente, lo que afecta su energía y estado de ánimo.
  • Falta de interés en actividades placenteras: Ha perdido la motivación para realizar actividades que antes disfrutaba.
  • Desconexión espiritual: Se siente desconectada de cualquier tipo de propósito o conexión espiritual.
  • Aislamiento social: Se siente sola y aislada de los demás, lo que agrava su estado emocional.

Nodos funcionales (glimmers):

  • Recuperación del interés en actividades placenteras: Identificar actividades que le brinden algo de satisfacción y reintroducirlas lentamente en su vida.
  • Reducción del consumo de alcohol y tabaco: Un primer paso hacia mejorar su bienestar físico y mental.
  • Reconexión con su espiritualidad: Volver a conectar con algo que le dé sentido a su vida.
  • Reforzar la autoaceptación: Trabajar en aceptar sus logros y debilidades sin sentir que decepciona a los demás.
  • Reconstrucción de relaciones sociales: Salir del aislamiento y empezar a buscar apoyo social.

Relaciones entre nodos:

  • El trabajo no deseado refuerza su sensación de insuficiencia, lo que aumenta su consumo de sustancias y afecta su aislamiento social.
  • Las expectativas familiares generan más frustración y refuerzan la necesidad de escapismo a través del alcohol y el tabaco.
  • La falta de interés en actividades placenteras y aislamiento social se retroalimentan, creando un ciclo de desmotivación.
  • La desconexión espiritual contribuye a la sensación de vacío, agravando tanto el aislamiento como el malestar general.

Intervenciones potenciales:

  • Activar nodos funcionales como la reducción del consumo, la autoaceptación, y la reconexión social, mientras se desactivan los nodos disfuncionales relacionados con el trabajo y las expectativas familiares.

¿Qué es un Mapa Cognitivo Borroso?

Un MCB es un modelo visual que representa el sistema de significados personales y relaciones causales entre ellos. Identifica en sus nodos los factores clave que influyen en su comportamiento, emociones, pensamientos y relaciones.

Funcionalmente, estos nodos pueden ser triggers (negativos, indeseables e incongruentes con el ideal) o glimmers (positivos, deseables y congruentes con el ideal). Los triggers desencadenan en el sistema estados de invalidación, ansiedad o amenaza a la identidad personal autoconstruida; los glimmers promueven un sentido de coherencia, validación y bienestar personal. 

Por ejemplo, si la meta deseable para uno es tener pareja estable, conocer a alguien que le gusta y que busca lo mismo será con toda probabilidad un glimmer ("destello" en español). Sin embargo, tener que desplazarse a un país lejano para trabajar un año probablemente será un trigger ("desencadenante" en español) de anticipaciones negativas y ansiógenas del estilo de eso me va a comportar no poder seguir con la relacion.

Cada nodo tiene un valor que indica su activación, y se conectan entre sí mediante relaciones (aristas en el MCB) que pueden ser de causalidad positiva o negativa, formando una red de interacciones dinámicas.

Por ejemplo, si una persona tiene un nodo de inseguridad muy activado dado que se enfrenta a una situación desencadenante muy complicada para ella tal como una muerte en su familia, este puede influir mucho en otros nodos, como ansiedad, miedo, negación o  evitación, desencadenando a su vez un circuito negativo que mantiene al sistema en un estado disfuncional en bucle (tanto en sentido intrapsíquico como interpersonal).

Fases del Proceso de Conceptualización

  1. Modelado del Mapa: El primer paso es construir el MCB a partir de entrevistas, observaciones y cualquier otro material relevante, como diarios, cuestionarios...
    1. Se identifican los nodos más relevantesy se clasifican como glimmers positivos (deseados) o triggers negativos (indeseados) todo ello desde la perspectiva del cliente. Esto permite al terapeuta visualizar los constructos clave del sistema personal del cliente.
    2. Se identifica qué tipo de factores son en términos del sistema de constructos profesionales del terapeuta: (a) factores predisponentes que se potencian a sí mismos y al problema; (b) factores desencadenantes que potencian el problema; (c) problema que activa el proceso de reconstrucción; (d) factores de mantenimiento que se potencian a sí mismos e inhiben el proceso de reconstrucción; (e) dificultades que se potencian a sí mismas y a los problemas e inhiben el proceso de reconstrucción, los recursos y competencias y la motivación; (f) recursos y competencias que potencian el proceso de reconstrucción o (g) motivación que potencia el proceso de reconstrucción.
    3. Se establece el nivel de activación de los nodos del MCB del cliente en el momento presente así como las relaciones entre ellos, basándose en la propia narrativa del cliente y en el diálogo terapéutico.
    4. Una vez construido el mapa, se analiza la dinámica del sistema, es decir, cómo interactúan los nodos. ¿Qué nodos activan otros? ¿Qué patrones emergen? ¿Qué le ocurre al sistema si hacemos determinados cambios? Esto permite identificar los bucles que perpetúan el malestar del cliente. En esta fase también se pueden simular cambios, por ejemplo, activando nodos positivos o desactivando los negativos, para observar cómo el sistema podría evolucionar hacia un estado más saludable.
    5. Lo anterior permite identificar eventos, patrones, estructuras y modelos mentales a partir de la dinámica del sistema del cliente. Eventos son los síntomas visibles, las manifestaciones externas de un problema o situación. Patrones son las tendencias y pautas que se repiten con el tiempo y que dan lugar a los eventos visibles. Estructuras sistémicas son los subsistemas, normas, expectativas, reglas, roles y/o límites que influyen en los patrones de comportamiento. Modelos mentales son las creencias, supuestos, valores y percepciones arraigadas que influyen en las estructuras sistémicas (ideología, matriz discursiva, construcción social, narrativa dominante…). 
  2. Planificación de la Intervención: 
    1. Basándose en el análisis previo, se identifica el arquetipo sistémico y los objetivos, estrategias y técnicas  específicas. Estos objetivos suelen estar enfocados en reducir la activación de los nodos disfuncionales (triggers) y aumentar la activación de los funcionales (glimmers). 
    2. Se implementa la intervención acordada.
    3. A medida que el cliente progresa en el proceso terapéutico, el MCB se revisa y ajusta. Los cambios en la activación de los nodos y las relaciones entre ellos permiten observar la evolución del sistema y hacer ajustes en las intervenciones según sea necesario.

Referencias

Botella, L. (2021). La Cartografía de los Espacios Psicológicos: Aplicaciones Psicoterapéuticas de las Dinámicas Sistémicas de Mapas Cognitivos Borrosos de Constructos Personales. Revista De Psicoterapia, 32(118), 237–252. https://doi.org/10.33898/rdp.v32i118.474

Botella, L. (2024). Procedimiento para la Conceptualización de Casos y Planificación del Proceso Psicoterapéutico Mediante Mapas Cognitivos Borrosos del Sistema de Significados Personales de los Clientes [2C3P-MCB]. Revista de Psicoterapia, 35(128), 99–109. https://doi.org/https://doi.org/10.5944/rdp.v35i128.41435

Botella, L., Barrado, E., Sanfeliciano, A., & Saúl, L. A. (2022). Formulación de caso mediante Mapas Cognitivos Borrosos: Bases conceptuales y metodológicas y ejemplo de caso. Revista de Psicoterapia, 33(123), 79-110.  https://doi.org/10.33898/rdp.v33i123.35946 

Botella, L., & Saúl, L. A. (2024). Explorando la formulación de caso con mapas cognitivos borrosos: conceptos, métodos y estudio de caso en primera y tercera persona. En Á. T. Quiñones Bergeret & C. Caro García (Eds.), Formulación de caso: hacia una psicoterapia de precisión (pp. 477-520). UNED. https://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,23377989&_dad=portal&_schema=PORTAL&IdArticulo=0103024CT01A01

Saúl, L. A., Botella, L., & Sanfeliciano, A. (2023). Utilización de Mapas Cognitivos Borrosos en Supervisión Clínica en Psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 34(126), 133–148. https://doi.org/https://doi.org/10.5944/rdp.v34i126.38710

Saúl, L. A., Sanfeliciano, A., Botella, L., Perea, R., & Gonzalez-Puerto, J. A. (2022). Fuzzy Cognitive Maps as a Tool for Identifying Cognitive Conflicts That Hinder the Adoption of Healthy Habits. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(3). https://doi.org/10.3390/ijerph19031411 


lunes, 4 de abril de 2016

La formación de terapeutas en el mundo: haciendo explícito lo implícito. Jack C. Anchin, Héctor Fernández Álvarez, Luis Botella y Shigeru Iwakabe.

Independientemente de la orientación teórica y disciplina profesional de cada uno parece haber un consenso considerable respecto a que la psicoterapia efectiva requiere conocimientos, habilidades y actitudes; una tríada de competencias en una serie de áreas de tareas básicas. Estas tareas incluyen ser capaz de:

  • formar y mantener una alianza terapéutica;
  • llevar a cabo una evaluación significativa;
  • formular una conceptualización del caso basada en los datos recogidos de dicha evaluación y guiada por la propia perspectiva teórica de preferencia;
  • desarrollar un plan de tratamiento inicial que sea consecuencia lógica de la conceptualización del caso;
  • implementar las estrategias e intervenciones terapéuticas de acuerdo con el plan de tratamiento establecido;
  • monitorizar la efectividad del tratamiento;
  • modificar los aspectos del proceso de tratamiento que requieran los resultados en curso;
  • implementar la terminación de una manera que optimice la experiencia terapéutica del cliente, y
  • fomentar la participación del cliente en todas las facetas del proceso de tratamiento de una manera ética.

Jack C. Anchin. University at Buffalo/SUNY. USA.
En esencia el desafío estimulante y el privilegio de los formadores de nuevos terapeutas es tanto impartir como hacer surgir los conocimientos, habilidades y actitudes esenciales para llevar a cabo estos procesos terapéuticos—e, igual de importante, hacerlo de una forma que tenga en cuenta las particularidades de los terapeutas en formación. Los planes para la formación de terapeutas deben tener como objetivo proporcionar un conjunto de herramientas que permiten al terapeuta operar con los hallazgos de la investigación en todos los campos de la atención clínica. Igual que la buena psicoterapia, la formación eficaz tiende un puente entre lo nomotético y lo ideográfico.

Lo antedicho es una síntesis muy general de algunas (ni mucho menos todas) de las principales tareas y responsabilidades involucradas en la práctica y formación efectiva en psicoterapia. El tema de la formación de nuevos terapeutas en el mundo requiere que llevemos este concepto un paso más allá, en virtud de las reflexiones que estimula tanto desde la integración en psicoterapia como desde los requisitos esenciales de la formación y práctica culturalmente competente en todo el mundo. En particular, la yuxtaposición de los ámbitos de la integración en psicoterapia y la práctica culturalmente competente da lugar a una serie de elementos comunes que pueden tener implicaciones para facilitar el aprendizaje de los nuevos terapeutas y que, por tanto, puede valer la pena hacer evidentes a los estudiantes desde fases tempranas del curso de su formación. Aquí identificamos tres de tales elementos comunes emergentes y sugerimos que pueden proporcionar elementos para un meta-marco globalmente relevante que puede ayudar de manera significativa a mejorar la educación y el aprendizaje de conocimientos, habilidades y actitudes fundamentales para la psicoterapia efectiva. Nuestra descripción a grandes rasgos de este meta-marco todavía en evolución comienza con las actitudes, que vemos como la pieza clave de nuestra perspectiva.

Actitudes: El Cultivo de la Valoración de las Diferencias

Las actitudes que llevamos a nuestro trabajo clínico están íntimamente ligadas con nuestros valores. Los juicios y las decisiones que tomamos sobre las formas de interactuar con el cliente al servicio de la construcción, el mantenimiento y el fortalecimiento de la alianza (por ejemplo, el nivel adecuado de auto-revelación; cuándo aceptar y cuándo cuestionar), los fenómenos que establecemos como objetivos en el curso de la intervención (por ejemplo, las creencias fundamentales del cliente; su estilo interpersonal) y los resultados deseables del tratamiento (por ejemplo, mayor auto-compasión, mayor comodidad con la intimidad relacional) están inevitablemente influenciados por nuestras actitudes subyacentes hacia las variedades particulares de la experiencia y dominios de funcionamiento humano y nuestra valoración de ellas.

Héctor Fernández Álvarez. Fundación Aiglé. Argentina.
Examinar el ámbito de los valores y las actitudes hacia la psicoterapia a través de la lente dual de la integración en psicoterapia y la competencia cultural arroja luz sobre la valoración de las diferencias como un valor compartido fundamental. De hecho, con la experiencia los terapeutas desarrollan una conciencia cada vez mayor de las diferencias clínicamente relevantes (por ejemplo, en relación a numerosas variables del cliente o al impacto de los diferentes tipos de intervenciones) y disciernen importantes implicaciones de estas diferencias para la adaptación de formas de interactuar e intervenir que mejoran la eficacia terapéutica. Sin embargo, pensar acerca de las diferencias puede ser una de las cosas más alejadas de la mente de los terapeutas que están iniciando su formación--preocupados, por ejemplo, por cómo elegir los contenidos "correctos" a medida que la sesión avanza o por si realmente pueden fomentar cambios significativos en sus clientes. Sin embargo, recomendamos que desde el primer momento los formadores de psicoterapeutas cultiven la apreciación explícita y el respeto de las diferencias, reforzadas en parte mediante la discusión y demostración de los beneficios que se pueden derivar de tenerlas en cuenta al tomar decisiones y promover procesos terapéuticos. Las formas de tratamiento manualizadas proporcionan un contexto ilustrativo valioso a los formadores. Una posición clara de que, a pesar de su diagnóstico, cada cliente particular es diferente y único abre el espacio para la adaptación y personalización de cualquier manual a las distintas necesidades, metas y valores del cliente, por muy estructurado y secuenciado que sea el tratamiento de cara a su aplicación uniforme combinada con un diagnóstico dado. La conveniencia de hacerlo así se ve reforzada por los hallazgos empíricos que confirman que la adaptación sensible de los manuales de tratamiento, en oposición a su administración rígida,  mejora los resultados del tratamiento (American Psychological Association, 2006).


El mérito de valorar las diferencias también estaba implícito en el título del congreso anual de SEPI en 2003: Un Diálogo sobre la Diferencia. La perspectiva que subyacía a este lema es especialmente instructiva: "mediante la creación de un foro para una discusión abierta de las diferencias esperamos establecer una comprensión rica y con más matices del proceso de la psicoterapia, al tiempo que aclarar que las diferencias aparentes pueden oscurecer un terreno común clínicamente importante" (Muran y Costello, 2003). Nos aventuramos a suponer que, con independencia de la región del mundo en la que se estén formando, los terapeutas noveles que se aproximen a las diferencias clínicamente relevantes con esta perspectiva actitudinal experimentarán un aprendizaje enriquecedor que, a su vez, puede fomentar un mejor desarrollo y aplicación de las técnicas terapéuticas.

Conocimiento: El Cultivo de la Comprensión Pluralista



Aquellos que forman a terapeutas en todo el mundo pueden beneficiarse de las lecciones implícitas de la integración en psicoterapia y de la práctica psicoterapéutica culturalmente sensible no sólo cultivando una actitud de valoración de las diferencias, sino también (como un derivado de esta actitud) presentando a los alumnos desde el inicio mismo de su formación la perspectiva epistémica de que puede haber múltiples interpretaciones de un fenómeno clínico dado. Inextricablemente a este reconocimiento, ayudar a los terapeutas en formación a aprehender firmemente el poderoso papel desempeñado por su base de conocimientos en la mediación de la comprensión fortalece la base misma de su exposición a los conceptos, resultados de investigaciones, estrategias de tratamiento y técnicas de diferentes orientaciones teóricas en el curso de su formación.


Shigeru Iwakabe. Ochanomizu University. Japón.
Fomentar un enfoque plural del conocimiento y la comprensión de ninguna manera se opone a enfatizar una orientación teórica singular en la formación de los terapeutas; sin embargo, advertimos de que impartir este conocimiento como ortodoxia es lo mismo que poner una venda en los ojos a alguien que está aprendiendo a ver. Independientemente de con qué rigor un programa de entrenamiento enfatice un enfoque único de una escuela específica, una perspectiva plural general hacia el conocimiento crea un contexto que enmarca las estructuras de conocimiento declarativo y procedimental de este enfoque concreto como una manera de entender la psicopatología y su tratamiento, pero no la única. Irónicamente, esta misma advertencia se aplica a los programas dedicados a la formación de nuevos terapeutas en una línea de integración en psicoterapia. Es decir, a medida que los terapeutas en formación aprenden y practican y se convierten en profesionales autónomos, hay quienes encuentran más cómodo y eficaz funcionar con un enfoque de una sola escuela en particular; un descubrimiento que, comprensiblemente, puede ir acompañado de un abandono progresivo de formas integradoras de trabajo aprendidas anteriormente.

Hay un proceso paralelo que merece consideración. Como terapeutas buscamos promover el crecimiento, en parte ayudando a nuestros clientes a ver que tienen opciones, a identificar esas opciones, a que piensen en sus posibles consecuencias y a que sean ellos los que en última instancia tomen decisiones y se responsabilicen de ellas. Consecuentemente creemos que los formadores pueden avanzar el desarrollo de los terapeutas noveles ayudándoles a conectar de forma explícita con el hecho de que hay variaciones en cómo se pueden entender los fenómenos, fomentando la adquisición de las diferentes estructuras de conocimiento que median esas comprensiones, facilitando la reflexión sobre ellas y sus implicaciones y transmitiendo el mensaje profesionalizador de que el desarrollo de la capacidad de hacer y agudizar juicios clínicos independientes y de tomar decisiones sobre la base de modelos enraizados a la vez en la amplitud y en la profundidad del conocimiento forma una parte intrínseca de su evolución como terapeutas.

Habilidades: El Cultivo de la Flexibilidad en Acción


Si una actitud de valoración de las diferencias y el cultivo de una comprensión pluralista (aspectos íntimamente relacionados entre sí) han de tener un significado pragmático para los terapeutas en formación, ambos deben traducirse en diferencias en la acción. En la psicoterapia las habilidades son la expresión basada en la acción de las actitudes y el conocimiento, y son en última instancia la prueba de fuego para los psicoterapeutas noveles. Cuando miramos a la psicoterapia integradora y a la práctica clínica culturalmente competente en busca de puntos en común que contengan implicaciones de ayuda para la formación de habilidades terapéuticas, nos encontramos con una inconfundible valoración compartida de la flexibilidad. La flexibilidad, vital para la eficacia, es la capacidad de adaptar y ajustar las acciones de manera que respondan a las circunstancias cambiantes. Y si algo es la psicoterapia es (en y entre clientes) un proceso dinámico y cambiante en virtud de la naturaleza altamente dependiente del contexto del propio objeto de la terapia. Por lo tanto, mientras que las áreas de trabajo más nucleares esbozadas antes operan como constantes, la eficacia del terapeuta en cualquiera de ellas es probable que dependa en parte de su flexibilidad al hacer ajustes en la aplicación y puesta en práctica de las habilidades requeridas en la medida en que las variaciones en las circunstancias lo justifiquen.


Fomentar la apreciación explícita del dinamismo de la psicoterapia y cultivar la flexibilidad en la acción son ciertamente procesos didácticos diferentes, pero nuestra impresión es que los terapeutas en formación pueden beneficiarse de ambos. El primero proporciona una imagen realista de la psicoterapia que los terapeutas en formación pueden asimilar mentalmente y a la que pueden adaptarse a medida que adquieren conocimientos y experiencia. El segundo incluye la habitual construcción de habilidades de colaboración por parte de un terapeuta novel y su supervisor (o supervisores) en el contexto de su trabajo con casos. Y, lo que es más importante, incluye también (i) el desarrollo de habilidades acompañado de la reflexión colaborativa explícita sobre las propiedades que componen la flexibilidad en diferentes habilidades, (ii) que el terapeuta novel ajuste con atención los elementos de una habilidad terapéutica dada tal y como lo requieran las circunstancias clínicas y (iii) el bucle entre la supervisión y el procesamiento de los efectos y significados de estos ajustes. En nuestra opinión, la flexibilidad no es una habilidad singular que se pueda enseñar. Más bien abarca tanto los procesos explícitos y encubiertos que pueden cultivarse en el contexto de aprendizaje como el desarrollo de habilidades específicas de los terapeutas en formación a medida que se aplican a las diferentes áreas de tareas básicas de la psicoterapia con sus casos. Otro componente crítico de este proceso de aprendizaje trae a la mente el clásico chiste a veces (erróneamente) atribuido a Jack Benny: "¿Cómo se llega al Carnegie Hall? Con práctica, práctica y práctica”. La flexibilidad en la psicoterapia, como en muchos otros ámbitos, exige práctica. Y no sólo práctica, sino, una vez más, práctica supervisada, con el tipo de supervisión que ayuda a los noveles a convertirse en expertos y a desarrollar patrones tácitos de acción que les permitan adaptarse basándose en la anticipación de los procesos de sus clientes.

Comentarios Finales

Este breve artículo ha presentado un esbozo de un meta-marco para la formación que se centra en el cultivo explícito, desde el inicio de la formación en adelante, de la valoración de las diferencias, la comprensión plural y la flexibilidad en las habilidades terapéuticas. Proponemos que este meta-marco, producto de una fertilización cruzada entre la psicoterapia integradora y la práctica clínica culturalmente competente, puede facilitar a los nuevos terapeutas la adquisición de conocimientos específicos, habilidades y actitudes instrumentales para la psicoterapia efectiva. Llegamos a la conclusión de este trabajo aportando varios comentarios aclarativos; de nuevo tratando de hacer explícito lo implícito.


En primer lugar, la adaptación y personalización del tratamiento sobre la base de las diferencias de los clientes no tiene por qué dar lugar a la falta de una estructura o foco terapéutico claro ni en general ni en una sesión de terapia en particular. Casi todas las técnicas terapéuticas de casi todos los enfoques teóricos se puede adaptar a las diferentes necesidades, valores y preferencias de nuestros clientes. De hecho, la mayoría de las técnicas terapéuticas se conciben orientadas hacia el desencadenamiento y el fomento de procesos de cambio significativos, no necesariamente de un contenido específicos. En consecuencia, el reto al formar a terapeutas noveles es cómo ayudarles a ver "más allá de lo obvio", es decir, a entender que las técnicas no son algo que se aplica a un cliente pasivo, sino recursos adaptables que se invita al cliente a utilizar y dar sentido a su propia manera única y creativa. Conectando con la sabiduría del Zen, el reto es cómo ayudar a los alumnos a no miran al dedo que señala a la luna, sino a la propia luna. Las capacidades de los terapeutas para adaptar su trabajo a las diferencias entre sus clientes se ven facilitadas cuando son capaces de ver las técnicas terapéuticas como herramientas que se ofrecen al cliente (en contraposición a procedimientos inalterables que se prescriben) y los enfoques teóricos como marcos de inteligibilidad que dan foco y estructura a la terapia (en oposición a verdades absolutas sobre el funcionamiento psicológico humano).

En segundo lugar, a medida que los formadores se enfrentan a la cuestión de cómo exponer de la mejor manera a los terapeutas en formación a las características específicas de diferentes orientaciones teóricas al servicio de cultivar la comprensión plural, es importante también tener en cuenta la cuestión pragmática de la edad y la experiencia vivida. A pesar de su formación previa en psicología, la mayoría de ellos tienen entre 20 y 30 años; como tal aún están en proceso de desarrollar la sutileza emocional y complejidad del sistema de constructos personales que les ayude a avanzar hacia una epistemología más contextualista y relativista y a trascenderla finalmente, y aún tienen que experimentar acontecimientos vitales problemáticos y positivos también.


En tercer lugar, en el consenso creciente de que la supervisión es de vital importancia para todos los terapeutas un desarrollo significativo en los programas de supervisión ha sido la inclusión de un incremento en la formación de competencias específicas con la intención, entre otros objetivos, de facilitar la identificación de los terapeutas en formación con su rol como terapeutas y de promover el autocuidado. Sin embargo, como educadores y formadores también tenemos que seguir siendo conscientes de que la persona del terapeuta no puede separarse de las competencias que posee. La idoneidad de un terapeuta se revela como una combinación de competencias. Algunas de ellas son naturales (por ejemplo, la empatía, el nivel de comprensión intelectual, la apertura, la calidez), mientras que otras surgen como resultado de un aprendizaje sistemático. Explorar en la supervisión el estilo personal del terapeuta y su evolución durante los años formativos dota a los noveles de una poderosa herramienta para el desarrollo de sus competencias.


Por último, pero no menos importante, la contribución potencial de SEPI en la formación de psicoterapeutas en general no tiene límites. Los miembros de SEPI proceden de diferentes culturas de la psicoterapia, mientras que al mismo tiempo tienden puentes entre diferentes puntos de vista de la salud psicológica, el desarrollo y los tratamientos. A pesar de que venimos de diferentes partes del mundo, compartimos un profundo compromiso con nuestra misión. A medida que exploramos y desarrollamos la cultura de SEPI es importante que también iluminemos los principios rectores que subyacen a la formación de los futuros psicoterapeutas de todo el mundo. El presente artículo es un esfuerzo en esta dirección.

Nota: Los autores de este artículo son 
miembros del Education and Training Committee de la Society for the Exploration of Psychotherapy Integration (SEPI). Este trabajo fue incialmente redactado para la Newsletter de SEPI (The Integrative Therapist), en la cual se publicará en breve. Agradezco el permiso de su editor, Jeffery Smith, y de los coautores del artículo para su publicación en español en NotaMental.

Referencias

American Psychological Association Presidential Task Force on Evidence-Based Practice. (2006).  American Psychologist, 61, 271-285.

Society for the exploration of psychotherapy integration (2003, May).  XIX annual meeting: A dialogue on difference.

Versión orignal en inglés publicada en la Newletter de SEPI: http://c.ymcdn.com/sites/www.sepiweb.org/resource/resmgr/Integrative_Therapist/Integrative_Therapist-v2-2.pdf