viernes, 11 de abril de 2014

¿Cómo elegir un terapeuta? Entrada invitada. Por Quentin Hafner.

La elección de un buen terapeuta puede ser una tarea de proporciones considerables. Una búsqueda rápida en Google revela las múltiples opciones disponibles, pero ¿cómo se puede tomar esta decisión tan importante de forma reflexiva, informada y en última instancia satisfactoria? Últimamente un par de amigos me han pedido que les proporcionase referencias de terapeutas de confianza y eso me ha llevado a pensar en por qué recomiendo a la gente que recomiendo.

Cuando doy a amigos o conocidos una referencia de un terapeuta me tomo muy en serio la decisión de a quién derivar. Tengo una pequeña lista de las personas en las que confío y recomiendo y la prueba de fuego para mí siempre es pensar "¿enviaría a mis seres queridos a hacer terapia con este profesional?” Pensando en quiénes son estos profesionales que personalmente uso como mi red de derivaciones de terapia, quería compartir con vosotros las cualidades que hacen que cada uno de ellos sean grandes terapeutas con los que trabajar. Así, si estáis pensando en cómo elegir un terapeuta, podéis utilizar esta entrada como una herramienta para ayudaros a decidir.

Encontrar al terapeuta adecuado es una tarea muy relevante y la decisión no se puede tomar a la ligera. Aunque no hay terapeutas perfectos, sin duda hay algunos que están a años luz de los demás. Quiero que cada uno encuentre al que sea bueno para él, así que aquí hay algunas cosas a tener en cuenta en la búsqueda de un terapeuta:

¿Te sientes seguro?

La esencia fundamental de cualquier relación terapéutica es la idea de que te sentirás física y emocionalmente seguro al trabajar con tu terapeuta. Para que en la terapia se den resultados positivos se debe generar un sentido de seguridad en la relación que ayude a fomentar la confianza y la colaboración. Si no te sientes seguro no tendrás oportunidad de crecer. Sin embargo también es importante recordar que, a veces, como parte del proceso de la terapia, pueden emerger emociones difíciles y dolorosas que pueden hacerte sentir inseguro por un momento en la relación. Pero cualquier terapeuta competente te ayudará a pasar por esta fase y a alcanzar un sentido profundo de seguridad. Si te sientes juzgado, avergonzado o menospreciado ya en las dos o tres primeras sesiones… déjalo y busca otro profesional. Por lo tanto, número uno: tenemos que encontrar a alguien que nos ayude a sentirnos seguros.

¿Te sientes comprendido?

Una segunda piedra angular de la relación terapéutica es la capacidad del terapeuta para comprender lo que está pasando en tu vida y para transmitirte este conocimiento de una manera que te ayude a sentirte comprendido. Sin duda quieres salir de la sesión sintiendo que "el terapeuta realmente sabe por lo que estoy pasando". La habilidad de comprender en profundidad lo que está pasando en tu vida en tan sólo unas sesiones es algo que los terapeutas aprenden, y seguro que quieres que eso se note en su relación contigo. Si no te sientes comprendido empáticamente en referencia a los problemas que te han llevado a la terapia es posible que tengas que buscar a otro terapeuta.

No dudes en preguntarle.

Debido a que la búsqueda de un buen terapeuta es una decisión tan importante, no tengas miedo de tomar la iniciativa y formularle las preguntas que consideres conveniente durante la entrevista inicial. Si lo crees importante, hazle preguntas tales como:
  • ¿Por qué deberías elegirlo a él?
  • ¿Ha estado en terapia? ¿Durante cuánto tiempo? Esta podría una pregunta importante. Si ha estado en terapia significa que valora el trabajo que hace y está dispuesto a ir a donde aconseja a sus clientes que vayan.
  • ¿Tiene supervisión? (Esto también es importante ya que es un indicador del nivel de compromiso del terapeuta con la formación permanente).
Pide referencias de familiares y otros terapeutas.

Una de las mejores maneras de encontrar un buen terapeuta es pedir referencias a amigos de confianza o a otros terapeutas. Esto no garantiza que se trate de un profesional excelente, pero el consejo de alguien que conoces es mejor en general que elegir a ciegas a alguien en Google. Normalmente, si alguien ha tenido una buena experiencia en la terapia y quiere darte un nombre y un número de teléfono, es más probable que te vaya bien a ti también.

Pregunta a unos cuantos si lo crees conveniente. Decide después de haber ido a un par de sesiones.

Yo siempre animo a la gente a escoger a un par de terapeutas diferentes y a informarse para decidir con cuál se sienten mejor. Ten en cuenta que elegir un terapeuta no es tanto un acto intelectual como un sentimiento. Confía en tus instintos y haz caso a la intuición de qué es lo mejor. Y recuerda; concédete un tiempo para tomar una decisión tan importante… ves a un terapeuta 2 ó 3 veces antes de decidir si es o no la opción correcta. En general es difícil tomar esa decisión en un solo encuentro de una hora.

Una buena terapia suele durar tiempo. No confíes en soluciones instantáneas.

Una pregunta habitual que la gente me hace cuándo empiezan la terapia es "¿cuánto tiempo va a durar?" Es una pregunta difícil de responder de forma genérica, ya que realmente depende de muchos factores tales como lo que se está trabajando, el tiempo de dedicación, el nivel de compromiso, etc… Por el bienestar de todos mis clientes, quiero que se sientan mejor y tengan una vida feliz y productiva tan pronto como sea posible. Sin embargo, también soy consciente de que una terapia lleva tiempo--puede ser un proceso que en algunos casos dure meses o años. Mantente alerta ante terapeutas que prometen resultados rápidos. Muchas veces puede que una terapia muy rápida no sea lo mejor si es que se centra sólo en dar consejos que realmente no tienen mucho impacto al fin y al cabo. Si los consejos y las soluciones rápidas tuvieran éxito siempre entonces casi nadie necesitaría nunca terapia porque nuestros amigos y familiares ya habrían resuelto todos nuestros problemas… y sabemos que ese no es el caso.

No hay terapeuta perfecto. Mantente en movimiento.

Y, por último, la búsqueda de un buen terapeuta se basa en los aspectos mencionados anteriormente, pero también en el reconocimiento de que no hay un "terapeuta perfecto". Si te encuentras cambiando continuamente de profesional puede ser señal de que estás buscando algo o alguien que no existe. La mejor terapia es una relación basada en la confianza y la seguridad donde las imperfecciones se pueden abordar, hablar y ordenar encontrando soluciones. Si hay algo que no te gusta de tu terapeuta en las primeras dos o tres sesiones, atrévete a decírselo. Cualquier terapeuta que valga la pena agradecerá este feedback y te dará una respuesta no defensiva que te sea útil.


Encontrar el terapeuta adecuado y construir esa relación, que puede cambiar tu vida, puede ser una de las experiencias más valiosas y gratificantes. Espero que todos podáis conseguirlo.

Quentin Hafner

Nota (LB): Por lo que respecta a la titulación de un psicoterapeuta, que estás en tu derecho a solicitarle, la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas considera que las titulaciones idóneas para el acceso a la formación en Psicoterapia son la licenciatura de Psicología y la licenciatura de Medicina (y más aún las respectivas especialidades de Psicología Clínica y Psiquiatría), estableciendo unos niveles de formación y experiencia cuyos mínimos se recogen en el Título V de los Estatutos y las Disposiciones transitorias que los regulan.

Consulta la web de FEAP (http://www.feap.es) si quieres asegurarte de que tu terapeuta cumple dichos requisitos imprescindibles.

viernes, 14 de marzo de 2014

En pro de la psicoterapia


Tal y como resumía en entradas anteriores de NotaMental (http://goo.gl/koyyYt), la investigación científica rigurosa ha demostrado sobradamente después de décadas de producir cuantiosa evidencia que:

  • los tratamientos psicológicos son eficaces (tanto o más que los farmacológicos);
  • su eficacia no responde a efectos placebo;
  • sus efectos positivos son relativamente rápidos y se mantienen en el tiempo una vez acabado el tratamiento;
  • su eficacia redunda en un beneficio económico general y para el sistema sanitario en particular;
  • todo lo anterior no es producto de estudios llevados a cabo en condiciones artificiosas, sino que tales resultados se mantienen e incluso se refuerzan en estudios realizados en situaciones de práctica clínica “de primera línea”

Respecto a este último punto, una de las críticas tradicionales a los estudios de eficacia de los tratamientos psicológicos ha sido que se llevan a cabo en condiciones ideales imposibles de replicar en la práctica clínica real: pacientes con formas “puras” de trastornos rigurosamente diagnosticados y seleccionados en función de dicho diagnóstico, tratamientos manualizados estrictamente llevados a cabo por terapeutas formados específicamente en tales manuales... 

Sin embargo, los resultados de investigación sobre los tratamientos psicológicos en entornos de práctica clínica real demuestran una vez más su eficacia, e incluso con mayor contundencia. Parece que parte del problema de que en ocasiones tales tratamientos hayan parecido no funcionar en contextos reales es, sencillamente, que se aplicaban mal—es decir, durante menos tiempo del requerido, en condiciones inadecuadas o por parte de terapeutas sin la necesaria formación. 

Por ejemplo, el sofisticado y riguroso estudio Treatment of Depression Collaborative Research Program (TDCRP) liderado por Irene Elkin y sus colegas del National Institute of Mental Health de Estados Unidos en los años 80 comparaba dos formas de psicoterapia y una de medicación antidepresiva en el tratamiento de la depresión grave y en condiciones de máximo rigor empírico. Las dos psicoterapias comparadas eran la terapia cognitiva y la terapia interpersonal.

El estudio demostró, mediante un ANOVA de medidas repetidas de los datos de la mejora sintomática en las cuatro condiciones del estudio (terapia cognitiva, terapia interpersonal, medicación y placebo), entre otras muchas cosas, que los tratamientos psicológicos eran eficaces en un nivel comparable al de la medicación. (Véase un resumen en http://goo.gl/sNVF5j).

La revisión de la evidencia de eficacia acumulada llevó a la APA a emitir su dictamen en Agosto de 2012 declarando formalmente que “como práctica de curación y servicio profesional, la psicoterapia es eficaz y muy rentable. En ensayos clínicos controlados y en la práctica clínica los resultados de la psicoterapia superan notablemente a los experimentados por las personas que necesitan servicios de salud mental pero no reciben psicoterapia. En consecuencia, la psicoterapia debe ser incluida en el sistema de salud como una práctica basada en la evidencia disponible.” 

Desde entonces disponemos de aún más evidencias interesantes. Entre muchas otras, y para no extender demasiado esta entrada, a la vez que se demuestra la eficacia de nuevas formas de psicoterapia se comprueba cada vez más que las intervenciones exclusivamente farmacológicas conllevan inconvenientes significativos.

Por ejemplo, investigaciones recientes (véase http://goo.gl/hJ3kGz) demuestran que los efectos secundarios de la medicación antidepresiva reportados por los pacientes son mayores de lo que se suele reconocer: en una muestra de más de 1.800 personas medicadas el 62% informó de disfunción sexual, el 60% se quejó de sentirse emocionalmente embotado, un 41% dijo que se sentían menos positivos y un 39% dijeron haber tenido pensamientos suicidas. De forma preocupante, un tercio de los encuestados dijeron que no habían sido advertidos acerca de los posibles efectos emocionales o interpersonales adversos de la medicación.

Sin embargo, y al mismo tiempo, la evidencia clínica favorable a la eficacia de formatos de psicoterapia tales como la MBCT (Mindfulness Based Cognitive Therapy) en la prevención de la depresión, el estrés y la ansiedad es cada vez más sólida. Jacob Piet y Esben Hougaard de la Universidad de Aarhus en Dinamarca han publicado recientemente una revisión del programa de MBCT de ocho semanas en Clinical Psychology Review (http://goo.gl/pELI2T). Después de analizar seis ensayos clínicos que incluyeron 593 personas, llegan a la conclusión de que la MBCT redujo el riesgo de recaída en los pacientes con al menos tres incidentes previos de depresión en un 43% en comparación con las personas que recibieron el tratamiento habitual

Otra revisión aún más reciente de la investigación sobre este tema, publicada también en Clinical Psychology Review por investigadores de la Universidad de Montreal examina 209 estudios que incluyen 12.145 personas (http://goo.gl/l5fcDd). Los autores demuestran de que la MBCT es un tratamiento eficaz para una variedad de problemas psicológicos, y "especialmente eficaz para reducir la ansiedad, la depresión y el estrés". Otros estudios han demostrado que es eficaz para la prevención de los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo y puede serlo para otras condiciones psiquiátricas, entre ellas el trastorno bipolar.

Es más, parece haber pruebas de cuáles son los mecanismos y procesos neuronales mediante los que operan las técnicas de este tipo. En concreto, estudios mediante neuroimagen funcional y estructural han aportado evidencia de varios componentes a través de los cuales ejercen sus efectos: (a) la regulación de la atención, (b) el conocimiento del cuerpo, (c) la regulación emocional (incluyendo la reevaluación y la exposición, la extinción y la reconsolidación), y (d) el cambio de perspectiva en el self. Los estudios a los que me refería sugieren que la práctica de la atención plena se asocia con cambios de plasticidad en diferentes áreas específicas del cerebro conduciendo al establecimiento de un proceso de mejora de la autorregulación (http://goo.gl/hMoRkA).

Volviendo a la terapia cognitiva, y como extensión de su eficacia más que demostrada en el tratamiento de la depresión, un estudio muy reciente publicado en The Lancet demuestra que reduce significativamente los síntomas psiquiátricos en personas con trastornos del espectro esquizofrénico que han optado por no tomar fármacos antipsicóticos y parece ser una alternativa segura y aceptable (http://goo.gl/pO9bqc).

De hecho, más allá de la depresión o la esquizofrenia, los estudios demostrando la eficacia de las diferentes modalidades de psicoterapia se cuentan por centenares y abarcan la mayoría de problemas psicológicos: sólo desde el último año 2013 se han publicado más de 500 artículos académicos sobre el tema.

Todo lo anterior demuestra fehacientemente las limitaciones de la adopción de un modelo exclusivamente biomédico en el abordaje del malestar psicológico. Dicho modelo, como comenta Brett J. Deacon en su reciente artículo publicado en Clinical Psychology Review y sintetizado en el boletín online del Consejo General de la Psicología de España (http://goo.gl/fRj7Oj) “considera que los trastornos mentales son enfermedades cerebrales causadas por un desequilibrio de neurotransmisores, anormalidades genéticas y defectos en la estructura y funciones del cerebro, que se pueden corregir mediante psicofármacos específicos”. Sin embargo, y también según este autor, los resultados de la investigación desde esta perspectiva hasta ahora se traducen en “un fallo en la identificación de las bases biológicas de los trastornos mentales, en la promoción de desequilibrios bioquímicos infundados, en su fracaso para reducir el estigma, en la falta de innovación y en pobres resultados a largo plazo de los tratamientos farmacológicos, unido a un incremento en la cronicidad y severidad de los trastornos mentales”.

A la vez, la evidencia a favor de tratamientos psicoterapéuticos no farmacológicos con una sólida base empírica y conceptual, breves y focales, económicos y clínicamente viables es cada vez mayor, hasta el punto de llevar a las declaraciones de consenso que ya he comentado en esta entrada y otras anteriores.

En este sentido, y tal como afirmaba recientemente Brandon A. Gaudiano en el New York Times (http://goo.gl/AWT48S) “para los pacientes con los trastornos más comunes, como la depresión y la ansiedad, las psicoterapias con apoyo empírico, es decir, aquellas que han mostrado ser seguras y eficaces en ensayos controlados aleatorios, son de hecho los mejores tratamientos de primera elección. Los medicamentos, debido a sus posibles efectos secundarios, deben considerarse en la mayoría de los casos sólo si la terapia no funciona bien o si el paciente no está dispuesto a intentarla”.

“Está claro que hay toda una serie de terapias que tienen un fuerte apoyo empírico, incluyendo la cognitivo-conductual, basada en mindfulness, interpersonal, familiar y terapias psicodinámicas incluso breves (por ejemplo, de 20 sesiones). A corto plazo, estas terapias son tan eficaces como los medicamentos para reducir los síntomas de la depresión clínica o trastornos de ansiedad. También pueden producir mejores resultados a largo plazo para los pacientes y sus familiares, mejorando el funcionamiento en contextos sociales y laborales y evitando la recaída más que los medicamentos”.

Probablemente todo esto y más factores aún (por ejemplo socioeconómicos) sea lo que está llevando a la situación de que, cuando se consulta a los pacientes, haya un gran porcentaje que muestren una clara preferencia por los tratamientos psicológicos en lugar de los puramente farmacológicos incluso en entornos estrictamente médicos/hospitalarios.

Sin embargo, y pradójicamente, esta preferencia no se traduce en un aumento de la demanda ni de la provisión de servicios psicoterapéuticos dado que una buena parte del público (incluyendo médicos, aseguradoras, derivantes e incluso muchos terapeutas) no está informado de lo que he comentado hasta este punto.

Esa desinformación hace que algunos potenciales usuarios de la psicoterapia (o derivantes) tengan una imagen falsa y desfasada de la terapia. Algunos de los mitos más frecuentes sobre la psicoterapia son los siguientes:

  • La psicoterapia es para gente que está muy grave.
    • FALSO: La psicoterapia ha demostrado ser útil para ayudar a las personas, parejas y familias a superar situaciones que les preocupan y que afectan negativamente a su calidad de vida. Algunas de estas situaciones pueden ser producto de trastornos mentales graves, pero otras no. Por ejemplo la psicoterapia se ha demostrado eficaz en tratar problemas de autoestima, dificultades en las relaciones interpersonales, adaptación a cambios en la vida… y múltiples condiciones que no se consideran problemas graves.
  • La psicoterapia no sirve para nada porque la gente en realidad no cambia nunca.
    • FALSO: La capacidad de cambio humano es sorprendente. Las personas somos capaces de adaptarnos y salir adelante en situaciones enormemente difíciles gracias a nuestra capacidad de resiliencia y superación. La psicoterapia moviliza esas capacidades en beneficio de los clientes.
  • La psicoterapia es un último recurso para cuando no se puede más, hay que intentarlo todo antes.
    • FALSO: Nuestra cultura valora la autosuficiencia y el no pedir ayuda como si fuese un signo de fortaleza, pero en realidad más bien lo es de falta de conciencia de los problemas. Nadie está obligado a enfrentarse a todo lo que le suceda sin pedir ayuda precisamente porque para eso están los recursos profesionales que nuestra sociedad pone a disposición.
  • Ir a psicoterapia te hace depender del terapeuta, que te dice qué hacer o pensar en cada momento.
    • FALSO: Ninguna forma de psicoterapia pretende usurpar las capacidades de autogestión del cliente. Más bien a la inversa, todas ellas reconocen (cada una con su estilo) que la terapia no se diseña para cambiar al cliente, sino para ayudarle a que se cambie a sí mismo.
  • Ir al psicoterapeuta implica explicar intimidades a un/a extraño/a.
    • FALSO: Si bien la terapia implica con mucha probabilidad centrar las sesiones en dialogar sobre el motivo de demanda con un grado significativo de apertura y confianza en el terapeuta, esa confianza hace precisamente que la vivencia de los clientes no sea la de explicar cosas privadas a un extraño. El terapeuta se guía por un código ético que le impide revelar cualquier aspecto privado de sus clientes. Es más, los terapeutas están formados para centrarse en entender la perspectiva subjetiva del cliente sin juzgarla ni hacerle sentir incómodo al respecto.
  • La psicoterapia es una solución de segunda en comparación con los fármacos.
    • FALSO: En muchas condiciones de relevancia clínica la psicoterapia ha demostrado ser más eficaz que los fármacos y además sin efectos secundarios. Dado que se basa en procesos psicológicos de aprendizaje significativo, sus beneficios se extienden más allá del final del tratamiento, cosa que no siempre sucede con un fármaco. En muchos casos la psicoterapia debería considerarse la primera opción, y sólo recurrir a los fármacos si no se responde bien a ella.
  • Debería poder cambiar yo sólo o con ayuda de mis amigos y familia.
    • FALSO: Determinadas situaciones en la vida hacen imposible que el cambio se produzca espontáneamente o gracias a la ayuda de amigos o familia precisamente porque ellos son parte de la situación que rodea al problema. En tales casos, la ayuda de un profesional externo al sistema puede ser la mejor alternativa.
  • Ir a psicoterapia te obliga siempre a sufrir, llorar, revisar traumas del pasado…
    • FALSO: Si bien los cambios en psicoterapia tienen que ver con la movilización de emociones profundas y eso puede resultar doloroso a veces, no siempre ni invariablemente es así. Hay muchas fases del proceso terapéutico que implican precisamente lo opuesto: la ilusión por nuevos proyectos, la alegría de ver cómo el cambio se consolida, la sensación profunda de conexión al sentirse comprendido por el terapeuta… En todo caso, si se produce la movilización de emociones profundas y dolorosas es siempre en el contexto de una relación segura y protectora, lo cual es muy diferente a como se producen en ocasiones en la vida fuera de la terapia.
  • La psicoterapia es muy larga e incluso inacabable.
    • FALSO: La mayor parte del cambio terapéutico se produce en las primeras sesiones. Hay terapias breves y focales que no pasan de una decena de sesiones. Algunas terapias se sitúan alrededor de las 20. La evidencia empírica más bien demuestra que alargar la terapia no siempre consigue alcanzar objetivos más profundos sino que en algunos casos puede ser indicio de dificultades del cliente. Con todo, la duración de la terapia depende en gran medida de las características del cliente, del motivo de demana y de la orientación teórica del terapeuta, pero no es cierto ni mucho menos que todas las terapias comporten un proceso muy largo.

NOTA MENTAL: Sabemos que la convicción del terapeuta en la eficacia y utilidad de la terapia es uno de los factores que contribuye a fomentar el cambio terapéutico. También lo es el acogerse a modelos de terapia coherentes, fiables y que aporten estructura y foco a nuestras intervenciones. En esta entrada he intentado dar argumentos y motivos para fomentar esa convicción entre terapeutas y clientes a la vez.


martes, 4 de marzo de 2014

Los beneficios de mentir

Un estudio reciente sobre los beneficios afectivos de las conductas deshonestas, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology por Nicole E. Ruedy, Celia Moore, Francesca Gino y Maurice E. Schweitzer, ha comprobado algo preocupante: los participantes que se salían con la suya al mentir o hacer trampas tendían a sentir un entusiasmo excitante en lugar de lo que uno esperaría… remordimiento y arrepentimiento.

El experimento consistía en dar la posibilidad de copiar en un examen o de atribuirse más horas trabajadas de las reales. Los participantes que engañaron (casi un 70%) se sintieron mejor en promedio que aquellos que no. Siempre que creyeran que no habían dañado a nadie con su engaño, e incluso en contra de sus propias predicciones, la mayoría de las más de 1.000 personas de los Estados Unidos y Gran Bretaña que participaron en el estudio decían sentir lo que los autores llaman el “subidón del mentiroso” (cheater’s high) al llevar a cabo actos deshonestos y no ser descubiertos. Más sorprendente aún era el hecho de que el “subidón” se producía incluso cuando su engaño no tenía ninguna recompensa tangible.

Los autores del estudio se preguntan si la sensación agradable y placentera que algunas personas experimentan cuando mienten o hacen trampa puede ser la razón de que la gente sea deshonesta incluso cuando la recompensa es pequeña. Sería posible que ese “subidón del mentiroso” motivase a repetir conductas deshonestas. Por cierto, la traducción de cheater al español también se extendería a embaucador, estafador, timador, infiel y tramposo, entre otros sinónimos de deshonesto. En este sentido, el “subidón” al que se refieren los autores se extendería a las consecuencias emocionalmente positivas de todas esas conductas.

Tal como han demostrado varios estudios sobre la disonancia cognitiva, es muy posible mantener un autoconcepto de persona honesta a pesar de que la evidencia sea la contraria: basta minimizar subjetivamente la relevancia de los actos deshonestos. Por tanto, incluso esa aparente barrera de que sólo se experimenta el “subidón del mentiroso” cuando se cree que no se daña a nadie con la mentira es preocupantemente relativa… el autoengaño y la fragmentación del sistema de constructos personales podría llevar fácilmente a minimizar el daño hecho con la mentira, la traición o la deshonestidad con tal de proteger el autoconcepto de la invalidación. Eso es lo que George Kelly llamaba hostilidad: falsear la realidad para que encaje con nuestro sistema: “se lo he robado pero en el fondo él no lo necesitaba, así que no es un robo de verdad…”, “le soy infiel pero ya no le quiero, así que tampoco es tan grave…”, “he aprobado copiando pero mucha gente lo ha hecho, así que sería de tontos no hacerlo yo…”

Lo anterior lleva a pensar que la mentira, el engaño y la deshonestidad son mucho más frecuentes de lo que parece. De hecho, algunos estudios demuestran que los niños mienten a sus padres con mucha más frecuencia de lo que estos imaginan porque creen que así se ajustarán mejor a sus expectativas y porque les parece que decirles lo que quieren oir les hará sentir mejor que decirles la verdad. Un corolario curioso (si bien esperable) también demostrado en estos estudios es que en este contexto confrontar al niño con la mentira tiene el efecto de hacer que la próxima vez intente mentir mejor.

Una posición constructivista coherente parte de la base de que la realidad se construye para darle sentido y por lo tanto hay múltiples versiones potenciales de lo que es verdad o no. Podría creerse (de hecho en muchos casos esa ha sido precisamente la crítica ultraconservadora al constructivismo) que esa posición es una llamada al “todo vale”. Que si la verdad es cuestión de versiones personales, nada es verdad y nada es mentira.

Sin duda se trata de una lectura parcial y errónea del constructivismo. Si bien las diferentes versiones de una misma realidad son muy comprensibles en términos de las narrativas o sistemas de constructos personales, eso no quiere decir que todas ellas tengan los mismos efectos relacionales, ni las mismas intenciones. Es evidente que “mentir” a un niño para que mantenga su ilusión por un regalo sorpresa no es lo mismo que mentir a tu pareja tras haberle sido infiel. Puede que las dos narrativas sean versiones personales de la realidad, pero una está dirigida a proteger una ilusión y la otra a evitar problemas de forma egoista a base de abusar de la credulidad del otro… e incluso a seguir abusando de esa credulidad.

Parece pues que se miente sobre todo como forma de protección (subjetiva, por supuesto); para evitar la invalidación del autoconcepto, para proteger los propios intereses o recursos, para proteger determinadas relaciones de su ruptura… Ejemplos de este tipo de mentira autoprotectora serían mentir para evitar un castigo, mentir para evitar la vergüenza de reconocer la verdad, mentir para aparentar ser mejor de lo que se es ante alguien a quien se quiere agradar, mentir para conseguir un beneficio material o mentir para conseguir la admiración de personas importantes para uno.

Además, mucha parte de la vida social se basa en “mentiras” mucho más comprensibles y justificables: mentir a un amigo diciéndole que estamos bien para no preocuparle revelándole que estamos enfermos, mentir para proteger la dignidad o autoestima de otro (por ejemplo restando importancia a un defecto físico suyo) o incluso mentir para no poner en peligro la versión de una historia de alguien que nos importa.

Sin embargo, la diferencia entre este tipo de mentiras y las del estudio que comentamos es que en este caso la única justificación era la de obtener un beneficio personal mínimo, e incluso a veces ni eso. Parece que los participantes que decían sentirse bien y haber experimentado esa sensación de euforia tras haber mentido (recordemos, casi un 70%) lo hacían sobre todo porque sentían algo del estilo de “¡Qué listo soy! ¡Me he salido con la mia y no se han dado ni cuenta!”. Es la sensación de alguien que se siente excitado por hacer algo deshonesto sin ser descubierto dado que eso le hace creerse por encima de las normas establecidas y a la vez le añade el “placer culpable” de saber que hace algo prohibido.

Entonces… ¿por qué no mentir constantemente? ¿Por qué no engañar, traicionar la confianza de los demás, fingir, disimular siempre? ¿Por qué no forzar al mundo a encajar con nuestra construcción en lugar de a la inversa?

Muy sencillo, porque habiendo visto los efectos de esta forma de posicionarse en el mundo sobre nuestros clientes y en la vida cotidiana está claro que, si bien a corto plazo pueden parecer tentadores, a medio y largo plazo erosionan el tejido relacional de una forma tan irreversible que quien se construye un mundo de mentiras acaba descubriendo que nadie le cree incluso cuando dice la verdad. No hay peor soledad que esa. 

NOTA MENTAL: No confundamos la subjetividad con el cinismo.

El artículo original aquí: http://www.apa.org/pubs/journals/releases/psp-a0034231.pdf

viernes, 28 de febrero de 2014

Psicoterapias cognitiva y constructivista: Eficaces para la depresión posparto

La depresión posparto es un problema importante de salud pública que perjudica tanto a la madre como al bienestar, el desarrollo y la salud mental del niño. Hay una cierta controversia en cuanto a la definición, la entidad nosológica y el curso sintomático de este trastorno. Sin embargo, la mayoría de los autores destacan que el trastorno aparece por lo general dentro de las primeras cuatro semanas después del parto y alcanza su mayor intensidad en los primeros seis meses. Aunque tiende a remitir después de haber alcanzado la mayor intensidad en este periodo, produce una considerable angustia a las mujeres y sus familias y hay pruebas de que algunas mujeres continúan mostrando evidencia de la forma subclínica de los síntomas de depresión hasta 2 años después.

La depresión posparto es problemática precisamente porque sus síntomas deterioran o impiden los ajustes necesarios del rol social después del parto. Los síntomas más comunes son: disforia persistente, sentimientos de culpa, trastornos del sueño, ideación suicida, miedo de dañar al bebé, apetito y libido reducidas, funcionamiento mental reducido e ideación obsesiva. Por lo tanto, el funcionamiento de las mujeres en los ámbitos de (a) el cuidado de su bebé recién nacido, (b) la intimidad en sus relaciones con sus parejas, (c) las relaciones con los miembros de la familia y la red social en general y (d) sus funciones laborales puede resultar profundamente perturbado por los síntomas y sentimientos depresivos y viceversa.

Según los estudios epidemiológicos la prevalencia de la depresión postparto oscila entre 10% y 20 %. Tal variación es probable que sea debida a los diferentes criterios de diagnóstico y a diferencias socioeconómicas entre los grupos estudiados. Los factores psicosociales de riesgo más habitualmente asociados con la depresión postparto son: tener 16 años o menos, experimentar uno o más acontecimientos vitales, la insatisfacción marital, una personalidad vulnerable, la falta de apoyo social, antecedentes de trastorno psiquiátrico, la tristeza postparto, depresión prenatal, baja autoestima, ansiedad prenatal, el estrés cotidiano, el embarazo no planificado, los intentos de interrumpir el embarazo, el trastorno disfórico premenstrual y sentimientos negativos hacia el bebé; por ejemplo, tener un bebé del sexo no deseado. Las posibles secuelas incluyen: alteración en las relaciones y el vínculo madre-hijo, conflicto marital y más tarde problemas en el desarrollo cognitivo, conductual y socio-emocional del niño.

La investigación hasta la fecha señala que aunque la mayoría de las formas de psicoterapia analizadas son eficaces en el tratamiento de la depresión posparto se necesita más investigación comparando diferentes enfoques terapéuticos y en particular con respecto a los formatos de psicoterapia específicamente diseñados y orientados al tratamiento de la población específica que sufre de este trastorno específico.

Con el objetivo de llevar a cabo una investigación específica, en este proyecto internacional comparamos un formato manualizado de Terapia Cognitiva (TC) con un formato también manualizado de Terapia Constructivista Relacional Integradora (TCRI). La TCRI se basó en una combinación integradora de técnicas psicoterapéuticas coherentes con un enfoque teórico constructivista relacional y su aplicación concreta a la depresión postparto se basó en el postulado de que el embarazo y la maternidad son acontecimientos vitales que, en función de una serie de factores psicológicos, relacionales, sociales y biológicos, pueden desencadenar en algunas mujeres un ciclo de:

  • Invalidación: Los cambios que se hacen visibles causados ​​por el embarazo y el parto (ya sean hormonales, físicos, sociales, relacionales o emocionales) se experimentan como incompatibles con las posiciones subjetivas nucleares que la mujer había ocupado hasta ese momento.
  • Esta sensación de incompatibilidad puede conducir a un estado de fragmentación entre "las cosas como son" y "las cosas como deberían ser". Por ejemplo, "yo debería querer a mi hijo incondicionalmente, pero a veces me siento muy enfadada con él".
  • La fragmentación evoca sentimientos de frustración ("No puedo soportar más esto, no lo conseguiré nunca"), culpa ("no me debería sentir así, soy una mala madre"), y alienación ("esto sólo pasa a mí, las otras mujeres son madres perfectas y tienen una relación perfecta con sus bebés").
  • Internalización: Como es impensable atribuir conscientemente el origen de tanta ansiedad y sufrimiento al bebé (ya que esto llevaría a aún más culpabilidad ), todas estas emociones negativas se dirigen hacia ellas mismas y esto empeora aún más la invalidación.

Un total de 320 mujeres de las unidades de maternidad en una ciudad brasileña participaron en el estudio. Las evaluaciones de la depresión se hicieron entre 30 y 60 días después del parto, al final del tratamiento y 12 meses después del final del tratamiento. Para evaluar los síntomas de la depresión se utilizó el Inventario de Depresión de Beck (BDI) con un punto de corte ≥ 12 . Las mujeres que mostraban síntomas de depresión fueron invitadas a participar en un ensayo clínico aleatorizado. De las 320 mujeres evaluadas, 115 mostraron síntomas de depresión. De este grupo, 60 fueron elegibles para el estudio.

Las dos terapias mejoraron la sintomatología depresiva (pero no ansiosa) de las pacientes de la muestra. No hubo diferencia entre la eficacia de las intervenciones (p = 0,139), si bien la TCRI obtuvo mejores resultados pues generó más cambios en la construcción del self de las participantes.

En cuanto al mantenimiento de los efectos de las dos terapias, se compararon las puntuaciones medias del BDI al inicio del estudio y a los 12 meses siguientes al final del tratamiento, y se demostró una reducción significativa tanto para la TC (p = 0,05) como para la TCRI (p < 0,001 ). 

Más información en el artículo completo: http://goo.gl/JzXkox


domingo, 23 de febrero de 2014

Costruttivismi

Excelente noticia la de una nueva publicación periódica sobre constructivismo en psicología y psicoterapia.

El primer número de la revista "Costruttivismi" ya está disponible en línea.

La revista es editada por la Associazione Italiana di Psicologia e Psicoterapia Costruttivista (AIPPC), fundada en 1997 y dirigida a la promoción de actividades que lleven a una profundización y difusión del enfoque constructivista en la psicología y la psicoterapia. La revista pretende ser un medio adicional para perseguir el objetivo de la Asociación.

Se puede leer y/o descargar la totalidad del número o los artículos individuales en www.aippc.it/costruttivismi/URL.

Costruttivismi será bianual, con revisión por pares, y publicará artículos en italiano (con resumen en Inglés) e Inglés (con la traducción completa italiano).

Os dejo el índice de este primer número:

  • Editoriale, Gabriele Chiari e Lorenzo Cionini

PROTAGONISTI DEL COSTRUTTIVISMO
  • Presentazione, Gabriele Chiari
  • The language of hypothesis: Man’s psychological instrument, George A. Kelly
  • Il linguaggio dell’ipotesi: lo strumento psicologico dell’uomo, George A. Kelly

ARTICOLI
  • La persona del terapeuta come strumento del cambiamento: implicazioni per il processo formativo, Lorenzo Cionini
  • Lo psicoterapeuta e l’amore. L’amore non lo canto, è un canto di per sé, Mara Ognibeni e Ombretta Zoppi
  • Consapevolezza, intuizione e costruttivismo, Fabio Giommi

CASI CLINICI
  • Da un mosaico andato in pezzi all’arte del “Kintsugi”: un percorso verso nuove integrità, Monica de Marchis e Laura Barca

ESPERIENZE
  • Nuove possibili narrazioni. L’esperienza di un percorso con genitori, Raquel Lenzi e Samanta Magni
  • L’importanza di chiamarsi mamma, Caril Miniati

RECENSIONI
  • Un viaggio di scoperta: come orientarsi tra differenti modelli di psicoterapia. Recensione del libro Modelli di psicoterapia a cura di L. Cionini, Carocci, 2013, Claudia Casini
  • Cinema, tra costruttivismo e role playing. Recensione del film Shutter Island, regia di M. Scorsese, USA 2009, Elisabetta Bresciani e Marco Ceccarini